LA TINA y la revolución de la mirada en Degas

Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: La tina
Técnica: Pastel sobre papel
Tamaño: 70 cm x 70 cm
Año: 1885/86
Ubicación: Hill Stead Museum

Introducción

La tina de Edgar Degas es una de las obras más innovadoras de su producción tardía. Realizada entre 1885 y 1886 en pastel sobre papel, la escena muestra a una mujer bañándose desde un punto de vista elevado e inusual. Degas transforma un momento cotidiano e íntimo en una investigación sobre la mirada, el cuerpo y la modernidad visual.

El cuerpo cotidiano en Degas

A diferencia de la tradición académica, que representaba cuerpos idealizados y escenas mitológicas, Degas muestra una mujer en una acción completamente cotidiana. La figura aparece desprevenida, absorbida en su propio gesto, sin posar para el espectador.

Esta naturalidad genera una sensación de realismo poco frecuente para la época y convierte la escena en algo casi privado.

La mirada voyeurista

Uno de los aspectos más importantes de la obra es la sensación de que el espectador observa la escena desde un lugar oculto. El punto de vista elevado y el encuadre parcial crean el efecto de una mirada furtiva, como si se tratara de un instante capturado accidentalmente.

Degas rompe así con las composiciones clásicas y acerca la pintura a recursos visuales vinculados a la fotografía y al mundo moderno.

El descentramiento de la composición

La figura femenina y la tina aparecen desplazadas del centro de la imagen. Este desequilibrio compositivo produce una sensación de espontaneidad y movimiento.

Lejos de generar desorden, el descentramiento fortalece el realismo de la escena y contribuye a la impresión de estar observando un momento auténtico de la vida cotidiana.

El uso del pastel

Degas llevó la técnica del pastel a un nivel extraordinario. En El baño, los colores y las texturas crean una superficie vibrante y delicada. Las líneas rápidas y los contrastes cromáticos permiten construir el cuerpo y el espacio sin perder frescura visual.

Degas y la modernidad visual

La obra refleja muchas de las transformaciones visuales del siglo XIX: la influencia de la fotografía, los encuadres inesperados y el interés por captar momentos efímeros.

Aunque relacionado con el impresionismo, Degas desarrolló una mirada muy personal, centrada menos en el paisaje y más en el cuerpo humano y las escenas íntimas.

Degas transforma una escena cotidiana en una reflexión moderna sobre la mirada y la intimidad.

Cierre

En La tina, Degas convierte una escena doméstica en una experiencia visual moderna. La composición fragmentada, el punto de vista elevado y la intimidad del momento muestran cómo el artista renovó profundamente la representación del cuerpo y de la vida cotidiana en la pintura.


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EL AJENJO de Edgar Degas: soledad y modernidad en la pintura


Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: El ajenjo
Técnica: Óleo sobre lienzo
Tamaño: 82 cm x 68,5 cm
Año: 1873
Ubicación: Musée d'Orsay

Introducción

La obra En un café o La absenta o El ajenjo de Edgar Degas es una de las imágenes más inquietantes de la modernidad urbana del siglo XIX. Pintada en 1873, presenta a dos figuras sentadas en un café parisino, aisladas emocionalmente a pesar de compartir la misma mesa. Lejos de representar una escena festiva de la vida bohemia, Degas construye una imagen de soledad, desgaste y desconexión humana.

La soledad de la vida moderna

Aunque el hombre y la mujer aparecen juntos, ambos parecen atrapados en sus propios pensamientos. La incomunicación es uno de los temas centrales de la obra. Degas retrata la experiencia moderna como un espacio de aislamiento psicológico incluso en lugares públicos y concurridos.

La mujer, con la mirada perdida y el cuerpo vencido, transmite cansancio y vacío emocional. El hombre, por su parte, permanece distante, absorto en sí mismo. Esta tensión silenciosa convierte la escena cotidiana en una reflexión sobre la alienación urbana.

El ajenjo y la decadencia social

Absenta era una bebida muy popular entre artistas y sectores bohemios de París, aunque también estaba asociada al deterioro físico y moral. Su consumo excesivo generó fuertes debates sociales hasta su posterior prohibición.

Degas utiliza el vaso de ajenjo no solo como un detalle costumbrista, sino como símbolo del desgaste emocional y la decadencia de ciertos aspectos de la vida moderna.

El realismo psicológico de Degas

Aunque asociado al impresionismo, Degas se diferencia de otros artistas del movimiento por su interés en la observación psicológica y en las escenas urbanas cargadas de tensión emocional.

La composición parece espontánea, como una fotografía capturada al azar, pero en realidad fue cuidadosamente construida en el taller del artista. El encuadre desplazado, las diagonales de las mesas y el vacío espacial aumentan la sensación de incomodidad y distancia entre los personajes.

París y los cafés modernos

El café representaba uno de los grandes espacios sociales del París moderno. Lugares como La Nouvelle Athènes eran frecuentados por escritores, artistas e intelectuales. Sin embargo, Degas evita idealizar este ambiente bohemio y muestra su costado más melancólico y deshumanizado.

Escándalo y recepción de la obra

Los modelos de la pintura fueron la actriz Ellen André y el grabador Marcellin Desboutin. El impacto del cuadro fue tan fuerte que Degas debió aclarar públicamente que ninguno de ellos era alcohólico, ya que muchos espectadores confundieron la escena representada con la vida real de los personajes.

La obra generó polémica por su crudeza y por mostrar aspectos incómodos de la sociedad urbana contemporánea.

Relación con el impresionismo

Aunque comparte con el impresionismo el interés por la vida cotidiana y los espacios modernos, Degas introduce una mirada más introspectiva y psicológica. En lugar de centrarse únicamente en la luz o el paisaje, explora la fragilidad emocional de los individuos en la ciudad moderna.

Cierre

El ajenjo sigue siendo una de las representaciones más poderosas de la soledad moderna. Degas transforma una escena aparentemente simple en una reflexión profunda sobre el aislamiento, el desgaste emocional y la experiencia urbana en el siglo XIX.


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DESPUÉS DEL BAÑO de Edgar Degas: intimidad y vida cotidiana

impresionismo e interior. Desnudos al pastel

Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: Después del baño mujer secándose el pelo
Técnica: Pastel sobre lienzo
Año: 1898
Ubicación: Musée d´Orsay

En Después del baño (1898), Edgar Degas representa a una mujer sentada de espaldas mientras seca su cabello luego de bañarse. La escena transcurre en un espacio íntimo y cotidiano, alejado del desnudo idealizado de tradición académica.

La figura aparece recortada por el encuadre y ocupa casi toda la composición. Esta proximidad genera una sensación de intimidad inmediata, como si el espectador observara un instante privado. Sin embargo, la escena no transmite erotismo convencional, sino una atención concentrada en los movimientos del cuerpo y en la materialidad de la piel.

Degas evita la pose clásica y el cuerpo aparece captado en una acción espontánea y poco teatral. La postura encorvada, la torsión de la espalda y el gesto de secarse el cabello otorgan naturalidad a la escena y refuerzan la idea de un momento cotidiano.

El uso del pastel permite construir superficies vibrantes y una textura casi táctil. Los tonos cálidos de la piel contrastan con el fondo, mientras las líneas curvas del cuerpo organizan visualmente la composición. La luz no modela el cuerpo de manera académica, sino que fragmenta la superficie en manchas y variaciones cromáticas.

Como en muchas de sus escenas de interiores, Degas transforma una acción simple en una exploración moderna de la mirada, el cuerpo y la intimidad cotidiana.

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ARTURO BORDA: paisaje, simbolismo y modernidad periférica

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Los padres

Arturo Borda fue una de las figuras más singulares de la pintura boliviana del siglo XX. Su obra combina paisaje andino, simbolismo, crítica social y una sensibilidad visionaria difícil de ubicar dentro de las categorías tradicionales de la pintura latinoamericana.

Alejado de los grandes centros artísticos europeos, Borda desarrolló una producción profundamente personal, marcada por la experiencia de la montaña, la espiritualidad andina y una mirada crítica sobre la sociedad de su tiempo. Su pintura no busca únicamente representar la realidad visible: muchas de sus imágenes parecen atravesadas por una dimensión alegórica, filosófica y existencial.


Arturo Borda y el simbolismo en América Latina


CORAZON Y ESQUELETO, SIMBOLISMO Y MODERNIDAD
Arriba los corazones

La pintura de Arturo Borda puede vincularse con ciertas tradiciones del simbolismo europeo, aunque su obra adquiere un carácter propio dentro del contexto latinoamericano.

En sus cuadros aparecen:

  • figuras ambiguas,
  • atmósferas inquietantes,
  • escenas cargadas de dramatismo,
  • y una fuerte tendencia a la alegoría.

Más que describir el mundo exterior, Borda parece interesado en representar estados espirituales, tensiones sociales y conflictos interiores. En este sentido, su pintura se acerca a una sensibilidad visionaria que lo diferencia de otros artistas latinoamericanos de su tiempo.

A diferencia del simbolismo europeo, centrado muchas veces en referencias mitológicas o literarias, en Borda la experiencia andina ocupa un lugar central. El paisaje, las montañas y ciertas figuras indígenas forman parte de un imaginario profundamente ligado a Bolivia.


El paisaje andino como experiencia espiritual


paisaje andino
Illimani

Uno de los aspectos más originales de la obra de Arturo Borda es su relación con el paisaje andino. Las montañas no aparecen simplemente como escenarios naturales o decorativos: funcionan como espacios cargados de intensidad emocional y espiritual.

La presencia del Illimani, recurrente en varias obras, transmite una sensación de inmensidad y silencio que muchas veces adquiere un carácter casi metafísico. La naturaleza en Borda puede resultar:

  • monumental,
  • melancólica,
  • opresiva,
  • o profundamente contemplativa.

En este sentido, el paisaje deja de ser una simple representación geográfica para convertirse en una experiencia existencial. La montaña aparece como símbolo de aislamiento, espiritualidad y permanencia frente a las transformaciones de la modernidad.


Crítica social e imaginario indígena


CRITICA SOCIAL E IMAGINARIO INDÍGENA
El yatiri

Otro aspecto importante de la obra de Borda es su interés por las tensiones sociales y culturales de Bolivia. En varias pinturas aparecen personajes indígenas, trabajadores y figuras populares que se alejan de las representaciones folklóricas idealizadas.

Su mirada sobre el mundo indígena no se limita al costumbrismo. En muchas obras existe una dimensión simbólica y espiritual vinculada a saberes ancestrales, rituales y formas alternativas de comprender la realidad.

Al mismo tiempo, su pintura expresa una crítica hacia la desigualdad social y hacia ciertos aspectos de la modernidad urbana. Esa tensión entre tradición y modernidad atraviesa gran parte de su producción.


Arturo Borda y la modernidad periférica


SIMBOLISMO. PINTURA BOLIVIANA
Filicidio

La obra de Arturo Borda ocupa un lugar singular dentro de la historia del arte latinoamericano. Mientras gran parte de los relatos tradicionales de la modernidad se concentraron en Europa, artistas como Borda desarrollaron experiencias modernas desde contextos periféricos, atravesados por otras realidades culturales y sociales.

Su pintura combina:

  • simbolismo,
  • paisaje andino,
  • crítica social,
  • espiritualidad
  • y sensibilidad expresiva.

Por eso resulta difícil ubicarlo dentro de un único movimiento artístico. Precisamente allí reside parte de la originalidad de su obra: Arturo Borda construyó una pintura profundamente personal, ligada a Bolivia y al mismo tiempo conectada con problemas universales de la experiencia moderna.


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LA ESTRELLA: la luz y el espectáculo en Degas

degas y la estrella. bailarinas y teatro
Autor: Edgar Degas (1834-1917)

Título: La estrella
Técnica: Pastel sobre papel
Tamaño: 58 cm x 43 cm
Año: 1876/77
Ubicación: Musée d´Orsay


La bailarina, con gracia y elegante pose, permanece parada sobre un pie durante un instante. Este instante captura Degas. Vemos la escena desde la posición acomodada que nos ubica Degas: de arriba hacia abajo. Atrás de la bailarina, alcanzamos a ver los decorados, un hombre y otras bailarinas. Esto vemos gracias al excepcional dibujo de Degas y al impresionante juego de luces. 

La bailarina, con gracia y elegante pose, permanece suspendida en pleno movimiento sobre el escenario. Degas captura un instante fugaz de la representación, iluminando a la figura principal mientras el resto del espacio permanece parcialmente en sombras. Vemos la escena desde un punto de vista elevado, recurso frecuente en el artista, que genera una mirada casi accidental sobre el espectáculo.

Detrás de la bailarina aparecen decorados, otras figuras y la presencia apenas visible de un hombre oculto entre bastidores. Estos elementos rompen con la imagen idealizada del ballet y revelan el interés de Degas por el detrás de escena y por las tensiones sociales ocultas tras el espectáculo.

En La estrella, Degas combina la delicadeza del movimiento con una observación moderna y fragmentaria de la vida urbana. La escena no solo representa la belleza del ballet, sino también el artificio y las tensiones ocultas detrás del espectáculo. A través de encuadres inusuales, luces teatrales y figuras parcialmente visibles, el artista construye una de las imágenes más complejas y modernas de la pintura del siglo XIX.


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El espacio irracional en El baño de Degas

el espacio irracional en degas.

Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: El baño
Técnica: Óleo sobre lienzo
Tamaño: 81 cm x 116 cm
Año: c. 1895
Ubicación: Carnegie Museum of Art

El baño forma parte de las numerosas variaciones sobre escenas íntimas femeninas que Degas realizó después de 1885. Sin embargo, en esta obra la experimentación compositiva adquiere un carácter particularmente radical. Los elementos principales de la escena —la mujer desnuda, la cama, la cortina y la bañera— aparecen organizados en un espacio inestable y poco racional. La cama, desproporcionadamente grande en relación con la figura, altera la percepción espacial y produce una sensación de extrañeza.

La mujer aparece casi despersonalizada: el rostro carece de definición, como si hubiese sido borrado o deliberadamente omitido. Más que construir un retrato individual, Degas parece concentrarse en las relaciones entre las formas, los volúmenes y las tensiones del espacio pictórico.

El color también cumple un papel fundamental. La intensidad de la cortina naranja y los toques de azul dispersos en la composición rompen con cualquier intención naturalista estricta y acentúan el carácter experimental de la obra. La escena cotidiana de una mujer bañándose deja de funcionar como simple representación íntima para convertirse en un estudio sobre la composición, el color y la percepción visual.

La obra también refleja el progresivo alejamiento de Degas de ciertos principios tradicionales del impresionismo. La escena no busca captar un instante luminoso o agradable, sino construir una visión fragmentada e inestable del espacio y del cuerpo. La figura femenina aparece observada sin idealización, casi como parte de un problema plástico y compositivo. En este sentido, El baño anticipa aspectos de la sensibilidad moderna que luego desarrollarán artistas del siglo XX.


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EDGAR DEGAS: el impresionista que no quería ser impresionista

bailarinas en rosa de edgar degas
Bailarinas en rosa

Edgar Degas fue uno de los artistas más complejos del siglo XIX. Aunque participó de las exposiciones impresionistas y compartió con ese movimiento el interés por la vida moderna, su pintura mantuvo fuertes vínculos con el realismo y con la tradición clásica. Su obra ocupa un lugar intermedio entre la observación objetiva y la experimentación moderna.


la estrella de degas
La estrella


Degas y el realismo

Aunque Edgar Degas participó de las exposiciones impresionistas, gran parte de su obra mantiene una fuerte relación con el realismo del siglo XIX. A diferencia de otros impresionistas interesados principalmente en los efectos cambiantes de la luz y el paisaje, Degas dirigió su mirada hacia la vida cotidiana de la ciudad moderna y hacia las personas comunes en sus espacios de trabajo o intimidad.

Sus pinturas muestran bailarinas ensayando, lavanderas, planchadoras, músicos y mujeres en escenas privadas. Sin embargo, estas figuras no aparecen idealizadas ni representadas de manera romántica. Degas observaba los gestos repetitivos, el cansancio físico y los momentos menos teatrales de sus modelos. En muchas de sus obras, el ballet deja de ser un espectáculo elegante para convertirse también en una actividad marcada por el esfuerzo, la disciplina y el agotamiento.

Esta mirada cercana a la realidad cotidiana lo aproxima al realismo de artistas como Gustave Courbet, quien defendía la representación de la vida contemporánea frente a los temas históricos o mitológicos de la tradición académica. Degas compartía ese interés por lo actual y por las escenas urbanas, aunque su enfoque era menos político y más observacional.

Obras como El ajenjo o La clase de danza muestran además una fuerte dimensión psicológica. Sus personajes suelen aparecer aislados, distraídos o absortos en sus pensamientos, reflejando aspectos de la vida moderna como la soledad, la rutina o la tensión social. En este sentido, Degas no buscaba únicamente capturar una impresión visual, sino también registrar comportamientos y estados de ánimo.

A diferencia de muchos impresionistas, Degas trabajaba principalmente en el taller y realizaba numerosos dibujos y estudios previos antes de pintar. Esa búsqueda de precisión en el dibujo y en la construcción de la escena revela también su cercanía con una tradición más clásica y realista. Aunque incorporó elementos modernos en la composición y el encuadre, su obra conservó siempre una estructura cuidadosamente elaborada.


Qué une a Degas con el impresionismo


la clase de baile de degas
La clase de baile

A pesar de sus diferencias con el movimiento, Edgar Degas compartió con los impresionistas un profundo interés por la vida moderna y por las nuevas formas de representar la realidad urbana. Participó en varias de las exposiciones impresionistas organizadas en París y formó parte del grupo que buscaba alejarse de las normas rígidas del arte académico tradicional.

Como otros impresionistas, Degas eligió temas contemporáneos en lugar de escenas históricas o mitológicas. Sus obras muestran cafés, teatros, salas de ensayo, carreras de caballos y momentos cotidianos de la ciudad moderna. Esta atención hacia la experiencia urbana y hacia los cambios sociales del siglo XIX lo acerca claramente al espíritu impresionista.

También compartió con el movimiento el interés por captar el movimiento y la sensación de instantaneidad. Muchas de sus composiciones parecen escenas observadas al pasar, como si fueran fragmentos de un momento real. Los encuadres recortados, las figuras parcialmente fuera de escena y los puntos de vista inusuales revelan además la influencia de la fotografía y del arte japonés, elementos fundamentales en el desarrollo del impresionismo.

En sus pinturas de bailarinas, por ejemplo, Degas representó cuerpos en movimiento, posiciones transitorias y gestos espontáneos, alejándose de las poses rígidas y equilibradas del arte académico. Sus escenas transmiten dinamismo y una sensación de observación directa, características muy vinculadas a la sensibilidad impresionista.

Otro aspecto que lo une al impresionismo es su interés por los efectos de la luz artificial en interiores. Mientras artistas como Claude Monet exploraban la luz natural al aire libre, Degas observaba cómo la iluminación de teatros, cafés y salas de ensayo transformaba los colores y las atmósferas urbanas.

Sin embargo, aunque compartía muchos intereses con los impresionistas, Degas mantuvo siempre una posición particular dentro del grupo. Su énfasis en el dibujo, la composición cuidadosamente estudiada y el trabajo de taller hicieron que su obra conservara rasgos diferentes a los de otros artistas impresionistas.


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Bailarina con ramo

¿Por qué Degas no encaja completamente en el impresionismo?

Aunque Edgar Degas participó activamente en las exposiciones impresionistas, su manera de entender la pintura difería en varios aspectos fundamentales de la de artistas como Claude Monet o Pierre-Auguste Renoir. Mientras muchos impresionistas buscaban capturar la impresión inmediata de la luz y la atmósfera, Degas privilegiaba el dibujo, la composición y el trabajo cuidadosamente elaborado en el taller.


musicos. modernidad. degas
Músicos

1. Pintura de taller vs pintura al aire libre

Los impresionistas:

  • pintaban al aire libre,
  • observaban la luz natural,
  • trabajaban rápido frente al paisaje.

Degas:

  • prefería interiores,
  • trabajaba en el estudio,
  • hacía muchísimos bocetos previos.


interiores, modernidad, impresionismo
Después del baño

2. El dibujo como estructura

Monet → color y luz.

Degas → dibujo y estructura.

Para Degas, el dibujo ocupaba un lugar central. Admiraba profundamente a los maestros clásicos y consideraba que la estructura y la línea eran fundamentales en la pintura. Esta preocupación lo alejaba de la pincelada más libre y espontánea característica del impresionismo.

realismo, estructura, impresionismo
La tina

3. La espontaneidad “falsa”

Aunque muchas de sus obras parecen capturar escenas espontáneas, Degas afirmaba que su arte estaba cuidadosamente construido. El propio artista declaró: “Ningún arte fue nunca menos espontáneo que el mío”. Parece instantáneo, pero está totalmente calculado.


el ajenjo, estructura, modernidad
El ajenjo

4. Diferencia temática

Impresionistas:

  • paisajes,
  • naturaleza,
  • estaciones,
  • luz.

Degas:

  • interiores urbanos,
  • teatros,
  • cafés,
  • bailarinas,
  • tensión social,
  • intimidad.
interior, degas y planchadoras.
Dos planchadoras

La obra de Edgar Degas ocupa un lugar singular dentro del arte del siglo XIX. Aunque formó parte del impresionismo y compartió con ese movimiento el interés por la modernidad y la vida cotidiana, su fuerte apego al dibujo, a la composición y al trabajo de taller lo acercan también al realismo y a la tradición clásica. Esa posición intermedia convierte a Degas en uno de los artistas más complejos y originales de su época.