LA PINTURA DE PANAMÁ

 Historia, identidad y transformación

La historia de la pintura panameña puede leerse también como la historia de un país que fue construyendo y redefiniendo su propia identidad.

Manuel E. Amador, Fesuuhes, 1912, pintura panameña
Fesuuhes, 1912. Manuel E. Amador. Óleo sobre tabla. Colección de César Pereira B., Panamá.

Desde los primeros años de la República hasta las expresiones contemporáneas, los artistas modificaron la manera de representar el territorio, las personas, las tradiciones y las experiencias de su tiempo.

La evolución no fue lineal. La pintura pasó de la formación académica y la representación del paisaje y la figura humana a una progresiva libertad de la composición, el color y la materia. Más adelante incorporó referencias indígenas, lenguajes abstractos, surrealistas y nuevas formas de representación de la experiencia social.

En algunos momentos, los cambios fueron principalmente formales. En otros, la realidad histórica ingresó directamente en las obras. Por eso, recorrer la pintura de Panamá permite observar algo más que una sucesión de estilos: permite seguir las distintas maneras en que los artistas imaginaron, observaron y cuestionaron su propio país.

Una nueva República necesita también una imagen propia

La separación de Panamá de Colombia en 1903 abrió un período de construcción institucional y cultural. En ese contexto, las artes visuales participaron en la creación de una imagen pública de la nueva República.

Uno de los primeros nombres fundamentales es Manuel E. Amador, quien se vinculó con el ambiente artístico de Nueva York y estudió con Robert Henri. El catálogo Cien años de pintura en Panamá comienza su recorrido histórico con una obra de Amador fechada en 1912.

Manuel E. Amador: una mirada moderna en los primeros años de la República

En Fesuuhes, una escena aparentemente sencilla se transforma mediante una pincelada libre y una atmósfera cargada de contrastes. Las casas, la vegetación, el agua y el cielo forman una composición en la que la observación de la realidad comienza a convivir con una interpretación más personal.

La importancia de Amador no reside solamente en los temas que pintó, sino también en su contacto con el ambiente artístico estadounidense de comienzos del siglo XX.

Roberto Lewis y la construcción de una tradición artística

En las primeras décadas republicanas, Roberto Lewis desempeñó un papel decisivo. Formado en París, participó en importantes proyectos oficiales y fue fundamental para la enseñanza artística de Panamá.

El paisaje como imagen de Panamá

Los tamarindos de Taboga ocuparon un lugar importante dentro de la producción de Lewis. En estos paisajes, el artista podía apartarse de la pintura oficial y concentrarse en la naturaleza, la luz y las formas de los árboles.

El territorio empieza así a adquirir un nuevo significado. Panamá no necesita representarse solamente mediante alegorías, edificios o personajes históricos. También puede reconocerse en su paisaje.
Roberto Lewis, Tamarindos, 1942, paisaje de la pintura panameña
Tamarindos, 1942. Óleo sobre tela, 76,2 × 122 cm. Roberto Lewis. Colección de la Embajada de la República de Panamá ante los Estados Unidos, Washington D.C.

El paisaje deja de ser solamente escenario

La influencia de Lewis se prolongó a través de artistas que continuaron y transformaron su enseñanza. Entre ellos se encontraba Humberto Ivaldi, cuya obra muestra cómo la pintura panameña podía conservar la observación del mundo visible y, al mismo tiempo, ganar libertad de pincelada y composición.

Humberto Ivaldi: luz, paisaje y movimiento

En Viento en la loma, las figuras avanzan por un paisaje luminoso. La pincelada rápida y los contrastes producen una sensación de movimiento que diferencia esta obra de la representación académica más rígida.


El paisaje deja entonces de ser simplemente el lugar donde sucede una escena. Se convierte en una experiencia visual, construida mediante luz, color y movimiento.
Humberto Ivaldi, Viento en la loma, 1945, paisaje panameño
Viento en la loma, 1945. Humberto Ivaldi. Colección Fundación Ramón H. Almanza.

La modernización de la figura humana

La renovación de la pintura panameña no significó inmediatamente el abandono de la figuración. Durante buena parte del siglo XX convivieron diferentes maneras de representar el cuerpo, los personajes y las escenas cotidianas.

Juan Manuel Cedeño: una figuración en transformación

Cedeño organiza Las Celestinas mediante planos superpuestos, líneas dinámicas y contrastes de color. Las figuras continúan siendo reconocibles, pero ya no están construidas siguiendo exclusivamente los principios de la representación académica.

La modernidad aparece aquí como una nueva manera de construir la realidad, no necesariamente como su abandono.
Juan Manuel Cedeño, Las Celestinas, 1968, pintura panameña
Las Celestinas, 1968. Óleo sobre tela, 145 × 98 cm. Colección de Shirley Berger, Panamá.

La figura humana adquiere una nueva expresividad

Con Eudoro Silvera, la transformación de la figura alcanza otra dimensión. El cuerpo, el espejo y los objetos del entorno forman una estructura en la que la representación se vuelve cada vez más expresiva.

Eudoro Silvera: cuerpo, espacio y expresión

La figura ocupa prácticamente toda la composición. El cuerpo, el espejo y los objetos del entorno forman una estructura en la que la representación se vuelve más expresiva mediante el color, la línea y la simplificación formal.

Eudoro Silvera, Mujer ante el espejo, pintura panameña
Mujer ante el espejo. Eudoro Silvera. Colección del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Isaac Benítez y la importancia de la materia

La renovación también afectó la propia superficie de la pintura. Isaac Benítez desarrolló una obra en la que el color y la materia adquirieron un papel fundamental.

Invierno: color y superficie

En esta obra, la superficie adquiere una presencia casi táctil. Los colores se superponen y construyen una imagen donde la materia pictórica resulta tan importante como aquello que puede reconocerse en ella.
Isaac Benítez, Invierno, 1962, pintura panameña moderna
Invierno, 1962. Óleo sobre cartón comprimido, 37 × 23 cm. Colección de la Fundación Ramón H. Almanza.

Alfredo Sinclair: el color se independiza

Uno de los grandes puntos de inflexión de la pintura panameña aparece con Alfredo Sinclair. Su trayectoria comenzó vinculada con la figura y con formas semiabstractas, pero progresivamente el color, la materia y la luz adquirieron una libertad cada vez mayor.

Mancha: la pintura como experiencia de color

En Mancha, la referencia figurativa deja paso a una organización en la que el color y la materia adquieren autonomía. La pintura puede construir su propia realidad mediante relaciones cromáticas, texturas y formas.
Alfredo Sinclair, Mancha, 1971
 Mancha, 1971. Óleo sobre tela, 43 × 46 cm. Colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Guillermo Trujillo: memoria cultural y modernidad

La modernización de la pintura panameña no significó necesariamente alejarse de las tradiciones locales. Guillermo Trujillo encontró en las culturas indígenas y en las formas rituales una fuente fundamental para desarrollar un lenguaje moderno.

La memoria indígena convertida en lenguaje gráfico

Ilustración del Cantoral Chocoe muestra cómo una referencia cultural puede transformarse en una construcción visual moderna. Las figuras aparecen reducidas a formas esquemáticas y signos, mientras la superficie se convierte en un campo de relaciones entre líneas, cuerpos y patrones.

Guillermo Trujillo, Ilustración del Cantoral Chocoe, 1982, serigrafía
Ilustración del Cantoral Chocoe, 1982. Serigrafía, 64,25 × 50,25 cm de pliego; imagen de 49,5 × 36,75 cm. Guillermo Trujillo. ID 999, IT Gallery.

Trixie Briceño: imaginación, geometría y surrealismo

La renovación artística panameña tampoco siguió un único camino. Beatriz “Trixie” Briceño desarrolló una obra marcada por la experimentación, el surrealismo y una particular organización de formas y colores.

Explosión: un universo de formas

La obra muestra un espacio donde pequeños signos, formas geométricas y manchas de color parecen flotar sobre un fondo claro. El título sugiere movimiento, pero la composición no representa una explosión literal. Lo que explota es, en cierto sentido, el propio lenguaje visual.

Trixie Briceño, Explosión, 1973, óleo sobre lienzo
Explosión, 1973. Óleo sobre lienzo, 55,9 × 71,1 cm. Beatriz “Trixie” Briceño. Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Cuando la historia política entra en la pintura

Durante las décadas de 1970 y 1980, Panamá atravesó profundas transformaciones políticas y sociales. En algunos casos, los artistas comenzaron a utilizar su obra para responder directamente a la realidad política.

Coqui Calderón: la pintura como testimonio

Black Friday II pertenece a la serie Vientos de furia, desarrollada entre 1987 y 1990. La obra responde al clima de enfrentamiento y represión política de Panamá en 1989. Aquí la relación entre arte e historia es directa: la pintura no solamente pertenece a una época; responde a ella.
Coqui Calderón, Black Friday II Viernes Negro II, 1989, pintura política panameña
Black Friday II (Viernes Negro II), 1989. Acrílico sobre lienzo, 117 × 152 cm. Coqui Calderón. Colección del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Isabel de Obaldía: el cuerpo como lugar de la memoria

La obra de Isabel de Obaldía ofrece otra respuesta a ese mismo período histórico. En 1989 desarrolló la serie ManiObras, vinculada con el clima de violencia, vigilancia y represión que atravesaba Panamá.

Aguas Turbias: peligro, vigilancia y memoria

En Aguas Turbias, dos cuerpos aparecen sobre una superficie acuática mientras unos grandes ojos observan desde la parte superior. La imagen transforma una experiencia histórica en una escena cargada de tensión psicológica. La historia deja de aparecer solamente como acontecimiento exterior y se instala dentro del cuerpo y de la memoria.
Isabel De Obaldía, Aguas Turbias Troubled Waters, 1989, pintura panameña
Aguas Turbias (Troubled Waters), 1989. Isabel De Obaldía. Obra perteneciente a la serie ManiObras.

Una historia visual de Panamá

Al recorrer estas obras, resulta evidente que la pintura panameña no siguió una única línea de evolución. Con Manuel E. Amador aparece una primera apertura hacia la modernidad internacional; con Roberto Lewis, la pintura participa de la construcción cultural de la nueva República; con Ivaldi, Cedeño y Silvera se transforman paisaje y figura; Benítez y Sinclair profundizan la experimentación material y abstracta; Trujillo incorpora memoria indígena; Briceño abre otros caminos imaginativos; y Calderón y De Obaldía muestran cómo la pintura puede responder a la violencia y a la crisis política.

La historia del arte panameño es, por lo tanto, también una historia de preguntas: cómo representar un país nuevo, cómo convertir el territorio en identidad, cómo modernizar la pintura sin perder las raíces culturales y cómo representar una sociedad atravesada por la incertidumbre.

Las respuestas fueron diferentes en cada generación. Y justamente allí reside la riqueza de la pintura panameña: en la coexistencia de tradición y modernidad, territorio e imaginación, memoria y experimentación.

Para seguir explorando

Fuentes consultadas

  • Banco Interamericano de Desarrollo, Centro Cultural: Cien años de pintura en Panamá.
  • Fundación Ramón H. Almanza.
  • Instituto de Investigación en Arte, Universidad de Costa Rica / Colección MAC Panamá.
  • IT Gallery.
  • Pinta Panamá / Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.
  • Perceptive Strokes: Women Artists of Panama, Banco Interamericano de Desarrollo.
  • Sitio oficial de Isabel De Obaldía.