GUILLERMO TRUJILLO: Obras, estilo y evolución de la pintura panameña
| Balsera en Tolé, 2000. Guillermo Trujillo. Una obra de madurez en la que las figuras estilizadas, el color y los patrones geométricos construyen una escena de fuerte identidad panameña. |
Guillermo Trujillo (1927-2018) construyó una de las obras más singulares de la pintura panameña del siglo XX. Su pintura no se limita a representar un paisaje, una figura humana o una tradición cultural: transforma esos elementos hasta convertirlos en parte de un universo propio, donde la naturaleza, la memoria, el mito y la imaginación parecen pertenecer a una misma realidad.
Esa transformación es precisamente lo que hace difícil encerrar a Trujillo dentro de una única corriente. En sus primeras obras pueden reconocerse influencias europeas, pero su trayectoria fue alejándose progresivamente de esos modelos. El artista incorporó referencias de las culturas precolombinas, de las pinturas rupestres, de la tradición española y de la naturaleza tropical para elaborar un lenguaje que terminó siendo profundamente personal. El MADC señala justamente esa evolución desde la Escuela de París y el informalismo español hacia una iconografía de figuras hieráticas, paisajes estilizados y formas de fuerte carácter simbólico.
Pero quizá la mejor manera de entender a Trujillo no sea preguntarse a qué movimiento perteneció, sino qué hizo con aquello que tenía delante.
Porque en su pintura una persona puede convertirse en signo, un árbol puede convertirse en arquitectura, un paisaje puede parecer una memoria y una línea puede terminar teniendo tanta presencia como aquello que representa.
Un artista que buscó su propio Panamá
La formación de Trujillo fue cosmopolita. Estudió arquitectura en Panamá y posteriormente pintura, cerámica y paisajismo en España. En 1956 realizó su primera exposición individual en Madrid y, tras regresar a Panamá, desarrolló también una extensa actividad como docente.
Sin embargo, su pintura no terminó convirtiéndose en una prolongación de la tradición europea que había estudiado.
Ese es uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria.
Trujillo parece haber utilizado su formación europea como un instrumento para mirar de otra manera el paisaje y la cultura de su propio país. En vez de copiar una tradición, fue incorporando elementos diversos hasta conseguir una imagen de Panamá que no era documental ni costumbrista.
El crítico Pedro Luis Prados describió esta operación como una síntesis entre planteamientos plásticos universales, elementos de las culturas aborígenes, cromatismos del paisaje tropical y aspectos de la vida cotidiana.
Ahí comienza a aparecer uno de los grandes temas de Trujillo: la búsqueda de una identidad americana que no necesitara convertirse en pintura nacionalista convencional.
Del Herbario — 1957
| Del Herbario, 1957. Guillermo Trujillo. Una obra temprana que permite observar sus primeras investigaciones sobre forma, estructura y superficie. |
En las primeras obras ya aparece una preocupación que permanecerá durante décadas: la naturaleza no como simple paisaje, sino como un repertorio de formas y fuerzas.
La vegetación, las figuras y los signos irán perdiendo poco a poco su aspecto descriptivo para adquirir una condición más imaginaria.
De la figura humana al personaje de Trujillo
En los años sesenta ocurre algo decisivo.
La figura humana comienza a abandonar las proporciones convencionales. Los cuerpos se alargan, se simplifican y adquieren una extraña solemnidad. No parecen retratos de individuos concretos. Son seres que ocupan el espacio como si pertenecieran a un tiempo diferente.
Guerreros — 1964
| Guerreros, 1964. Guillermo Trujillo. La figura humana comienza a adquirir el carácter sintético y simbólico que será fundamental en su lenguaje posterior. |
Aquí está uno de los cambios fundamentales de Trujillo: la figura deja de ser solamente una persona para convertirse en una presencia.
Esto explica por qué sus personajes pueden resultar simultáneamente humanos y extraños. Tienen algo reconocible y algo arcaico; pertenecen al mundo visible, pero parecen estar recordando otro.
El propio MADC relaciona el vocabulario de esta etapa con las pinturas rupestres europeas, la herencia española —especialmente Goya— y la neofiguración latinoamericana.
Cíclope — 1968
| Cíclope, 1968. Guillermo Trujillo. Una figura de resonancia mítica que muestra la transformación de la representación humana en una imagen arquetípica. |
El título Cíclope es significativo porque muestra que Trujillo no necesita representar literalmente una historia mitológica.
Le basta con construir una figura que parezca contener un mito.
Ese procedimiento será fundamental en su obra posterior.
La naturaleza no es un fondo
Hay una segunda transformación igualmente importante.
En Trujillo, la naturaleza nunca termina de comportarse como un paisaje convencional. Los árboles, la vegetación, el cielo y las montañas no están allí simplemente para situar a los personajes.
La naturaleza participa de la misma condición que las figuras.
Por eso los cuerpos parecen crecer desde los árboles, los árboles parecen adquirir anatomía y los paisajes pueden transformarse en grandes campos de signos.
Esta relación entre hombre y naturaleza ha sido señalada repetidamente por la crítica panameña. Manuel R. Mora llegó a interpretar buena parte de la pintura de Trujillo como una reflexión sobre esa relación: un ser humano que puede destruir y una naturaleza que intenta resistir.
No es casual que su pintura esté llena de vegetación.
Es, en buena medida, una pintura sobre pertenecer a un lugar.
El paisaje como memoria
Intermezzo para un paisaje — 1994
| Intermezzo para un paisaje, 1994. Guillermo Trujillo. El paisaje se transforma en una superficie de ritmo y textura, más cercana a una experiencia interior que a una descripción topográfica. |
Cuando Trujillo pinta un paisaje no parece preguntarse solamente cómo es ese lugar, sino qué permanece de él en la memoria.
Esto ayuda a entender por qué sus paisajes pueden ser reconocibles y, al mismo tiempo, irreales.
El paisaje de Trujillo es una reconstrucción.
No es una fotografía de Panamá.
Es el Panamá que el artista recuerda, imagina y transforma.
Esa idea aparece también en testimonios recogidos por la prensa panameña: el propio artista explicaba que las vivencias de su infancia reaparecían en su pintura, pero como una recreación y no como una reproducción fotográfica.
Bajareque en Cerro Quema — 1997
| Bajareque en Cerro Quema, 1997. Guillermo Trujillo. El paisaje panameño reinterpretado mediante formas, texturas y una construcción pictórica de carácter expresivo. |
Aquí podemos ver cómo el paisaje se vuelve progresivamente autónomo.
Ya no importa tanto identificar cada elemento como experimentar la atmósfera del lugar.
El valle, la selva y la figura
En el valle de los milagros — 1998
| En el valle de los milagros, 1998. Guillermo Trujillo. Figuras y vegetación se integran en una visión poética de la naturaleza. |
En este tipo de obras se comprende especialmente bien la originalidad de Trujillo.
No hay una frontera completamente clara entre ser humano, animal, planta y paisaje.
Todo parece formar parte de una misma materia.
Y esa integración es más profunda que una simple influencia indígena. Trujillo no está ilustrando una cosmovisión precolombina: está construyendo, desde la pintura moderna, una manera propia de imaginar la relación entre el hombre y el mundo natural.
Ese matiz es importante y conviene conservarlo en PYP.
El color encuentra su propia libertad
Si la línea fue uno de los grandes instrumentos de Trujillo, el color fue el otro.
El MADC señala que durante la década de 1970 el artista desarrolló una técnica próxima al puntillismo, tanto en composiciones multicolores como monocromas, y exploró especialmente la luz y los paisajes estilizados.
Pero el color de Trujillo no es simplemente decorativo.
Construye el mundo.
Los verdes hacen que la vegetación parezca infinita; los azules crean espacios abiertos o atmosféricos; los rojos y naranjas introducen una intensidad casi teatral.
La enamorada — 1987
| La enamorada, 1987. Guillermo Trujillo. La figura humana aparece estilizada hasta convertirse en una forma de gran intensidad plástica. |
En esta etapa la figura ya no necesita volumen anatómico convencional.
Su fuerza proviene de la verticalidad, el color y el ritmo.
Los personajes parecen estar a mitad de camino entre seres humanos y formas vegetales. Esa ambigüedad es una de las características más fascinantes de Trujillo.
Cuando los personajes dejan de pertenecer a un mundo real
Los conjurados del Bin-bín — 1990
| Los conjurados del Bin-bín, 1990. Guillermo Trujillo. Un grupo de figuras que parece pertenecer a una narración imaginaria construida mediante formas, color y ritmo. |
Las escenas de Trujillo no necesitan contarnos una historia de principio a fin.
Funcionan más bien como fragmentos de un mundo que parece existir antes y después del cuadro.
Eso explica esa sensación tan particular que producen sus personajes: están presentes, pero no sabemos exactamente de dónde vienen ni hacia dónde van.
Son parte de una mitología personal.
Y aquí es donde Trujillo se distancia tanto del costumbrismo como de una pintura nacionalista convencional.
Una identidad americana sin folclore
La relación de Trujillo con las culturas indígenas es fundamental, pero sería un error reducir toda su obra a ese aspecto.
La crítica ha señalado justamente que el artista consiguió recuperar mitos y formas de la tradición panameña sin caer en una pintura folclórica.
Ese equilibrio es uno de sus grandes logros.
Trujillo mira hacia las culturas antiguas, pero también hacia Goya, la pintura moderna, el paisaje, la arquitectura, el dibujo y la experimentación contemporánea.
Su americanismo no consiste en rechazar Europa. Consiste en transformar lo aprendido en otra cosa.
Por eso su pintura puede ser simultáneamente local y universal.
Balsera en Tolé: el mundo convertido en ritmo
Balsera en Tolé — 2000
Esta es una de las obras que mejor permite comprender la madurez de su lenguaje.
Las figuras están ahí, pero casi parecen construidas con bandas de color.
La ropa deja de ser solamente vestimenta y se convierte en dibujo. Los cuerpos dejan de ser solamente cuerpos y se convierten en verticales. Las lanzas introducen diagonales que atraviesan la composición.
Todo se mueve.
Pero, al mismo tiempo, todo parece cuidadosamente ordenado.
Ese equilibrio entre libertad y estructura es uno de los secretos de la pintura de Trujillo.
La línea como materia
La línea ocupa un lugar tan importante en Trujillo que llega un momento en que prácticamente deja de ser un recurso secundario.
El embrujo de la línea No. 10 — 2009
| El embrujo de la línea No. 10, 2009. Guillermo Trujillo. La línea se convierte en protagonista y genera por sí misma formas, profundidad y movimiento. |
En esta etapa se entiende por qué el dibujo es tan importante para comprender a Trujillo.
La línea no solamente delimita.
La línea crea.
Una acumulación de trazos puede producir una figura; una figura puede disolverse nuevamente en líneas; y un conjunto de líneas puede convertirse en paisaje.
Una crítica publicada en Panamá América describió precisamente esa característica de su obra: la línea adquiere una especie de autonomía y deja de ser únicamente un recurso para convertirse en parte esencial de aquello que la pintura es.
Aquí aparece uno de los grandes temas de toda la trayectoria de Trujillo: la tensión entre reconocer una forma y verla desaparecer en la materia pictórica.
El paisaje se vuelve casi abstracto
Gran paisaje — 2007
| Gran paisaje, 2007. Guillermo Trujillo. La naturaleza se reduce a una trama vibrante de formas y colores sin perder su carácter de paisaje. |
En sus obras tardías el paisaje puede aproximarse considerablemente a la abstracción.
Pero Trujillo nunca parece interesado en abandonar completamente el mundo visible.
Hay siempre una huella de la naturaleza.
Una montaña.
Un árbol.
Una figura.
Una vegetación que parece a punto de convertirse en otra cosa.
Esa ambigüedad mantiene viva la pintura.
Un artista que siguió buscando
Los amigos de Chava — 2016
| Los amigos de Chava, 2016. Guillermo Trujillo. Una obra tardía que muestra la continuidad de su investigación sobre la figura, el espacio y el mundo natural. |
Llegar a una obra de 2016 después de recorrer seis décadas permite comprender algo fundamental: Trujillo nunca quedó encerrado en la fórmula que lo hizo famoso.
Continuó transformando sus figuras, sus paisajes y sus procedimientos.
La obra tardía conserva elementos reconocibles de su universo, pero también revela una libertad creciente.
Eso resulta particularmente significativo porque la importancia de Trujillo no reside solamente en haber creado una iconografía reconocible. Su verdadera fuerza está en haber podido seguir trabajando dentro de ella sin repetirse completamente.
Guillermo Trujillo: una pintura entre memoria y transformación
La pintura de Guillermo Trujillo puede entenderse como una larga búsqueda de un lugar propio entre varias tradiciones.
Está Europa, con su formación académica y moderna.
Está Panamá, con sus paisajes, su vegetación y su memoria cultural.
Están las culturas indígenas y el mundo precolombino.
Está la arquitectura, que le enseñó a pensar en estructuras.
Está el dibujo, que le dio el dominio de la línea.
Y está la imaginación, que convirtió todo aquello en un universo que no pertenece por completo a ninguna de esas fuentes.
Por eso resulta insuficiente definirlo simplemente como pintor panameño de temas indígenas.
Trujillo hizo algo más complejo.
Tomó elementos de su entorno y de su memoria cultural y los convirtió en una mitología pictórica personal.
En sus cuadros, la naturaleza deja de ser paisaje, la figura deja de ser retrato y la línea deja de ser contorno.
Todo puede transformarse en otra cosa.
Y quizá sea precisamente esa capacidad de transformación la que explica la permanencia de su obra.
Para seguir explorando
- Guillermo Trujillo: nuchos, chamanes y simbolismo en sus obras
- La pintura de Panamá
- Arte latinoamericano
- Indigenismo en el arte latinoamericano
- Camilo Egas
- Simbolismo en la pintura
Fuentes consultadas
- Fundación Guillermo Trujillo.
- Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), Costa Rica.
- Pedro Luis Prados, El americanismo esencial de Guillermo Trujillo.
- Manuel R. Mora, textos críticos sobre Guillermo Trujillo.
- La Prensa y Panamá América, artículos y textos críticos sobre el artista.