El movimiento en el arte
Cómo una imagen estática puede transmitir dinamismo
| Eugène Delacroix, La Libertad guiando al pueblo (La Liberté guidant le peuple), 1830, óleo sobre lienzo, 260 × 325 cm, Museo del Louvre, París. |
Por eso, el movimiento es uno de los recursos fundamentales del lenguaje visual. Una pintura puede hacernos sentir que una multitud avanza, que una ola está a punto de romper, que una bailarina acaba de cambiar de posición o que una figura está atravesando el espacio.
El movimiento puede estar representado, sugerido o incluso existir únicamente en nuestra percepción.
¿Qué es el movimiento en el arte?
El movimiento es el efecto visual mediante el cual una obra transmite la sensación de desplazamiento, dirección, acción o transformación.
En una escena figurativa puede surgir de la postura de un cuerpo o de una acción claramente reconocible. Pero también puede aparecer en una composición abstracta donde no existe ningún objeto que podamos identificar como móvil.
En ambos casos, el principio es semejante: la obra organiza sus elementos para generar una sensación de recorrido y dinamismo.
Las líneas diagonales pueden impulsar la mirada; las curvas pueden hacerla girar; la repetición puede crear ritmo; y una composición abierta puede sugerir que la acción continúa más allá de los límites de la imagen.
Las diagonales hacen avanzar la composición
Uno de los recursos más eficaces para producir movimiento es la diagonal.
Las líneas horizontales suelen relacionarse con estabilidad y reposo, mientras que las diagonales introducen una dirección más dinámica. Cuando varias figuras, objetos o líneas se organizan siguiendo una diagonal, el ojo percibe una fuerza que atraviesa la composición.
Eugène Delacroix, La Libertad guiando al pueblo
En esta obra, la figura de la Libertad conduce visualmente al grupo hacia adelante. Los cuerpos, las armas, la bandera y los distintos elementos de la escena forman una estructura ascendente que lleva la mirada desde los muertos del primer plano hasta la figura que domina la composición.
El movimiento no está solamente en las personas que avanzan: está también en la dirección general de la composición.
La imagen parece avanzar desde el primer plano hacia el fondo y culminar en la bandera.
El movimiento también puede surgir de la tensión
Una composición puede transmitir movimiento incluso cuando no muestra claramente el desplazamiento de una figura.
Théodore Géricault, La balsa de la Medusa
Géricault construye la escena mediante una composición piramidal. Los cuerpos y los brazos forman direcciones ascendentes que conducen la mirada hacia la zona superior de la obra.
La inestabilidad de la balsa, los cuerpos superpuestos y los gestos de los personajes generan una fuerte tensión.
Aquí el movimiento está relacionado con algo más que la acción: la composición parece encontrarse en un estado de desequilibrio.
Por eso, una obra puede transmitir dinamismo aunque el espectador no vea un desplazamiento concreto.
El cuerpo humano como instrumento de movimiento
La postura del cuerpo es otro de los recursos fundamentales.
Un cuerpo inclinado, una pierna adelantada, un brazo levantado o una cabeza girada pueden sugerir que una acción está ocurriendo.
Edgar Degas, Ballet Scene
| Edgar Degas, Ballet Scene, ca. 1907, pastel sobre papel de calco transparente verdoso, 76,8 × 111,2 cm, National Gallery of Art, Washington. |
Degas presenta varias bailarinas en diferentes posiciones. Algunas están inclinadas, otras estiran los brazos o las piernas y otras permanecen momentáneamente quietas.
La sensación de movimiento surge precisamente de esa variedad de posturas.
No vemos una única acción continua, sino distintos instantes de una actividad corporal. Nuestra percepción relaciona esas posiciones y reconstruye mentalmente el movimiento.
El movimiento de la naturaleza
El movimiento no pertenece exclusivamente a las figuras humanas.
El agua, el viento, las nubes, los árboles y las telas ofrecen otras posibilidades para representar fuerzas que no siempre podemos ver directamente.
Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanagawa
| Katsushika Hokusai, Bajo la ola de Kanagawa, también conocida como La gran ola, ca. 1830–1832, xilografía policroma sobre papel, Metropolitan Museum of Art, Nueva York. |
La enorme ola domina la composición mediante una curva que parece avanzar y caer sobre las pequeñas embarcaciones.
Hokusai utiliza la forma de la ola, las líneas curvas y la relación entre el primer plano y el fondo para crear una sensación de energía contenida.
El monte Fuji aparece pequeño dentro de la abertura de la ola, reforzando todavía más la impresión de que una fuerza natural gigantesca está a punto de desplomarse.
Aquí el movimiento se produce a partir de la forma y la dirección, no de una figura humana.
Repetición, ritmo y velocidad
Otra manera de representar el movimiento consiste en repetir una misma forma varias veces.
Cuando vemos diferentes posiciones de un cuerpo superpuestas o repetidas, podemos interpretar esas imágenes como momentos sucesivos de una acción.
Giacomo Balla, Dinamismo de un perro con correa
| Giacomo Balla, Dinamismo de un perro con correa, 1912, óleo sobre lienzo, 89,9 × 109,9 cm, Buffalo AKG Art Museum, Buffalo. |
Balla multiplica las patas del perro, los pies de la mujer y diferentes partes de la figura para sugerir el desplazamiento.
La repetición crea un ritmo visual. El perro no aparece solamente como un animal detenido: parece estar atravesando rápidamente el espacio.
Las diagonales del suelo y la repetición de las formas refuerzan esa impresión.
En este caso, el movimiento se construye mostrando varias fases de una acción dentro de una misma imagen.
Cuando la pintura intenta capturar el movimiento
Umberto Boccioni, Dinamismo de un ciclista

Umberto Boccioni, Dinamismo de un ciclista (Dynamism of a Cyclist), 1913, óleo sobre lienzo.
En esta pintura, Boccioni intenta representar la sensación de velocidad y desplazamiento de un ciclista en movimiento. La figura no aparece como un cuerpo perfectamente definido y estático, sino integrada con las líneas y formas que parecen atravesar el espacio.
Las diagonales, la fragmentación de las formas y la superposición de diferentes elementos hacen que la figura parezca avanzar rápidamente. El cuerpo y el espacio que lo rodea parecen formar parte de un mismo movimiento.
Boccioni no representa simplemente a un ciclista: intenta mostrar la energía del desplazamiento, haciendo que la propia pintura transmita una sensación de velocidad.
El movimiento sin figuras
Finalmente, el movimiento puede existir aunque no haya personas, animales ni objetos reconocibles.
En el arte abstracto, las líneas, círculos, diagonales, colores y formas pueden establecer relaciones que hacen que nuestra mirada se desplace continuamente.
Wassily Kandinsky, Composición VIII
Wassily Kandinsky, Composición VIII, 1923, óleo sobre lienzo, 140 × 201 cm, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York. |
En Composición VIII, Kandinsky organiza círculos, líneas, triángulos y otras formas geométricas en relaciones dinámicas.
No existe una escena que podamos describir como una acción. Sin embargo, la mirada se desplaza constantemente entre los distintos elementos.
El movimiento se produce entonces en nuestra percepción.
Es un buen ejemplo de cómo una obra completamente estática puede generar una experiencia visual dinámica.
¿Cómo reconocer el movimiento en una obra?
Cuando analizamos una obra, podemos observar algunos elementos:
Las diagonales: ¿hay líneas o figuras que atraviesan la composición?
Las curvas: ¿conducen la mirada y generan sensación de fluidez?
Las posturas: ¿los cuerpos parecen estar en medio de una acción?
La repetición: ¿una forma aparece varias veces para sugerir desplazamiento?
El ritmo: ¿la repetición de elementos crea una secuencia visual?
La composición: ¿la mirada avanza de un punto hacia otro?
El espacio: ¿la obra parece continuar más allá de sus límites?
La tensión: ¿existe desequilibrio o inestabilidad que produzca dinamismo?
La abstracción: ¿las formas producen movimiento aunque no representen una acción?
Estas preguntas permiten analizar el movimiento incluso en obras muy diferentes entre sí.
Una imagen puede permanecer quieta y hacernos mover la mirada
El movimiento en el arte no consiste solamente en representar algo que se desplaza.
También puede estar en una diagonal, en una curva, en una repetición, en una postura corporal o en la manera en que nuestros ojos recorren una composición.
Desde la multitud que avanza en Delacroix hasta la ola de Hokusai, desde las bailarinas de Degas hasta las formas abstractas de Kandinsky, diferentes artistas han demostrado que una superficie inmóvil puede contener una enorme cantidad de energía visual.
Por eso, cuando observamos una obra, no debemos preguntarnos únicamente “¿qué se está moviendo?”.
También podemos preguntarnos:
“¿hacia dónde me lleva la mirada?”
Esa pregunta nos permite descubrir una de las características más interesantes del lenguaje visual: una obra puede estar físicamente quieta y, sin embargo, estar en movimiento ante nuestros ojos.
Para seguir explorando
¿Cómo está construida una imagen?: Los elementos visuales
El color en la pintura
La composición en la pintura
La perspectiva en pintura
La pincelada en pintura
La textura en el arte
La línea en el arte
Relaciones y dinámica visual
Fuentes consultadas
Musée du Louvre, información sobre La Libertad guiando al pueblo y La balsa de la Medusa.
National Gallery of Art, Washington, ficha de Ballet Scene de Edgar Degas.
Metropolitan Museum of Art, ficha de Bajo la ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai.
Buffalo AKG Art Museum, ficha de Dinamismo de un perro con correa de Giacomo Balla.
Museo del Novecento / Catálogo de Bienes Culturales de Italia, ficha de Dinamismo de un ciclista, de Umberto Boccioni.
Solomon R. Guggenheim Museum / documentación sobre Composición VIII de Wassily Kandinsky.