¿QUÉ ES LA TEXTURA EN EL ARTE?
Cómo los artistas crean superficies y materia

La noche estrellada, 1889. Óleo sobre lienzo, 73,7 × 92,1 cm. The Museum of Modern Art, Nueva York.
La textura es uno de los recursos visuales que permite que una obra de arte transmita la sensación de una superficie: la suavidad de una piel, la aspereza de una pared, la rugosidad de una piedra, el brillo de un metal o la delicadeza de una tela.
Aunque una pintura es físicamente una superficie plana, el artista puede utilizar , la luz, el dibujo, la pincelada y la materia para hacer que determinados elementos parezcan lisos, ásperos, rugosos, brillantes, húmedos o secos.
Por eso, observar la textura de una obra no significa solamente preguntarse qué representa una superficie, sino también cómo está construida visual y materialmente.
La textura como experiencia visual
Cuando observamos una pintura, nuestro ojo reconoce inmediatamente distintas cualidades de las superficies. Una camisa de seda no parece igual que una pared de piedra; el agua no tiene el mismo aspecto que la madera; una fruta madura puede parecer tersa y brillante mientras que la corteza de un árbol transmite una sensación completamente diferente.
El artista puede reproducir esas diferencias mediante variaciones de color, luz, dibujo y pincelada.
La textura, por lo tanto, participa en la construcción de la imagen y puede contribuir también a crear una determinada atmósfera.
Textura visual y textura táctil
Podemos distinguir dos grandes tipos de textura.
Textura visual
Es aquella que percibimos principalmente con la vista. La superficie puede ser completamente lisa, pero mediante el dibujo, el color y las variaciones de luz el artista consigue que parezca rugosa, suave, metálica, húmeda o áspera.
Un pintor puede representar, por ejemplo, la textura de una piel sin modificar prácticamente la superficie del lienzo. El efecto se produce mediante pequeñas variaciones de tono, color y luz.
Textura táctil
Es la textura que realmente existe físicamente sobre la superficie de la obra.
En una pintura puede producirse mediante una capa gruesa de pintura, empastes, raspados, incisiones o diferentes procedimientos que modifican la superficie.
Aquí la textura deja de ser solamente una ilusión óptica y se convierte en una característica material de la obra.
Cuando la pintura deja ver su materia
Una de las formas más evidentes de percibir la textura aparece cuando el artista deja visible la materia con la que construye la imagen.
En esos casos, la pintura no pretende ocultar completamente el gesto de quien la realiza. Podemos reconocer acumulaciones de pigmento, pequeñas irregularidades, huellas del pincel o zonas en las que la superficie parece adquirir relieve.
La obra de Vincent van Gogh constituye uno de los ejemplos más conocidos.
En La noche estrellada, las pinceladas cortas y curvas construyen las estrellas, el cielo y el movimiento de las nubes, pero al mismo tiempo dejan una huella visible sobre la superficie del lienzo.
La textura, por lo tanto, cumple una doble función: representa visualmente el mundo y hace visible el proceso mediante el cual la pintura fue realizada.
La materia también habla
La textura está estrechamente relacionada con la materia.
Un artista puede aplicar la pintura de manera muy fina, dejando que la superficie del soporte sea casi imperceptible. Otro puede construir gruesas capas de pintura que generan sombras y relieves.
Estas decisiones no son solamente técnicas.
La materia puede transmitir fuerza, violencia, delicadeza, espontaneidad, serenidad o incluso deterioro.
En algunas obras modernas y contemporáneas, la propia superficie adquiere tanta importancia que casi se convierte en protagonista.
Textura y pincelada: no son lo mismo
Aunque están relacionadas, textura y pincelada no significan exactamente lo mismo.
La pincelada describe, sobre todo, el gesto con el que se aplica la pintura: puede ser larga, corta, rápida, precisa, visible, suelta o empastada.
La textura, en cambio, se refiere a la cualidad de la superficie que percibimos.
Una pincelada puede contribuir a crear textura, pero también puede utilizarse para representar una superficie sin modificar físicamente el soporte.
Esta diferencia es importante porque permite comprender que una pintura puede tener una pincelada muy visible sin que todas sus superficies tengan necesariamente la misma textura.
La textura en el rostro de Rembrandt
Un ejemplo muy diferente aparece en los autorretratos de Rembrandt.
Autorretrato, 1660. Óleo sobre lienzo. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
En este autorretrato, la materia pictórica contribuye a construir el rostro. Las pinceladas y acumulaciones de pintura permiten sugerir la piel, las arrugas, la nariz, las mejillas y las zonas iluminadas.
La textura no aparece necesariamente como una superficie rugosa en toda la pintura. Está utilizada de manera selectiva para producir modelado, volumen y sensación de carne.
El ejemplo muestra algo fundamental: la textura puede ser también una herramienta para crear la ilusión de profundidad y corporeidad.
¿Cómo crean textura los artistas?
Existen numerosos recursos para producirla.
La pincelada: mediante pequeños toques, trazos largos, pinceladas superpuestas o aplicaciones irregulares.
El empaste: consiste en aplicar pintura en una cantidad considerable, de manera que la superficie adquiere relieve.
El color: diferentes combinaciones de tonos pueden hacer que una superficie parezca suave, áspera, brillante o rugosa.
La luz: las sombras y los reflejos ayudan a describir la forma y las características de los materiales.
El dibujo: líneas y pequeños detalles permiten sugerir vetas de madera, arrugas, cabellos, piedras, tejidos o superficies naturales.
La materia: arena, polvo, yeso, collage y otros materiales pueden modificar físicamente la superficie de una obra.
La textura también puede representar materiales
Gustave Courbet, Los picapedreros, 1849–1850. Óleo sobre lienzo. Obra destruida en 1945; anteriormente en la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde.
La textura también puede utilizarse para diferenciar materiales dentro de una misma escena.
La piedra, la tierra, la madera, la ropa y la piel tienen características visuales diferentes. El artista puede sugerirlas mediante pequeñas variaciones de color, contraste, dibujo y pincelada.
En la pintura realista, este recurso adquiere especial importancia porque contribuye a convencer al espectador de que está ante objetos y superficies reconocibles.
No se trata solamente de pintar una piedra: se trata de hacer que parezca una piedra.
La textura en diferentes técnicas
La textura adquiere características particulares según la técnica utilizada.
En la pintura al óleo, el artista puede conseguir superficies extremadamente lisas o, por el contrario, muy matéricas mediante empastes.
En la acuarela, la transparencia y la fluidez del pigmento permiten aprovechar también la textura del papel y las irregularidades producidas por el agua.
En el grabado, las diferentes técnicas generan líneas, manchas y superficies con características propias.
En la escultura, la textura puede percibirse directamente mediante el tacto: una superficie pulida de mármol produce una experiencia completamente diferente de una piedra sin terminar.
En el arte contemporáneo, además, la incorporación de materiales diversos amplió enormemente las posibilidades de la textura.
La textura como recurso expresivo
La textura no sirve únicamente para representar objetos de manera convincente.
También puede modificar la percepción emocional de una obra.
Una superficie lisa puede transmitir serenidad, perfección o distancia. Una superficie áspera puede sugerir dureza, deterioro o violencia. Una materia espesa y agitada puede transmitir energía y movimiento.
Por eso, la textura puede formar parte del lenguaje expresivo del artista.
En una pintura, incluso antes de identificar exactamente qué estamos viendo, podemos percibir si la superficie es tranquila, vibrante, pesada, delicada o violenta.
Cuando la superficie se convierte en protagonista
A lo largo de la historia del arte, la textura fue adquiriendo una importancia cada vez mayor.
En determinadas tradiciones pictóricas, la técnica buscaba ocultar casi completamente la huella del artista. La superficie debía parecer continua y cuidadosamente terminada.
Con el desarrollo de la pintura moderna, muchos artistas comenzaron a hacer visible el proceso de creación. La pincelada, el empaste y la materia dejaron de ser elementos que debían ocultarse y pasaron a formar parte de la obra.
En algunas corrientes del arte moderno y contemporáneo, esta tendencia llegó todavía más lejos: la superficie misma podía convertirse en uno de los principales temas de la obra.
Jean Dubuffet y la materia como lenguaje
Jean Dubuffet, Jean Paulhan, 1946. Acrílico y óleo sobre masonita, 108,9 × 87,9 cm. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Jean Dubuffet llevó esta preocupación por la superficie hacia un territorio diferente.
En sus obras, la materia, las marcas, los trazos y las irregularidades pueden adquirir una presencia casi física. La imagen no depende solamente de la representación de un objeto reconocible: también importa la experiencia de enfrentarse a una superficie cargada de signos y materiales.
En este tipo de pintura, mirar la textura significa observar simultáneamente la imagen y la materia que la construye.
Cómo observar la textura de una obra
Cuando mires una pintura, podés hacerte algunas preguntas:
¿La superficie parece lisa o rugosa?
¿La textura existe realmente o es una ilusión visual?
¿Podemos ver la huella de la pincelada?
¿La pintura está aplicada en capas finas o gruesas?
¿Qué materiales parecen tener las diferentes superficies representadas?
¿Cómo utiliza el artista la luz para describirlas?
¿La textura contribuye al realismo de la escena?
¿Tiene también una función expresiva?
¿La superficie de la obra cambia nuestra percepción de ella?
Estas preguntas permiten pasar de una observación puramente descriptiva a una lectura más profunda de la pintura.
Textura: mirar más allá de lo representado
La textura nos recuerda que una obra de arte no es solamente una imagen.
Es también una superficie, un objeto y una construcción material.
Al observarla con atención podemos descubrir que una misma pintura contiene diferentes niveles: aquello que representa, la manera en que organiza sus formas y colores, y la materia con la que fue realizada.
Por eso, aprender a reconocer la textura permite mirar una obra de una manera diferente.
La próxima vez que observes una pintura, además de preguntarte qué representa, preguntate también:
¿Cómo está hecha su superficie y qué sensación produce?
Esa pregunta puede revelar una dimensión de la obra que normalmente pasa inadvertida.
Para seguir explorando
La textura se relaciona estrechamente con otros elementos del lenguaje visual:
La composición, que organiza los elementos dentro de la obra.
La luz, que permite modelar formas y superficies.
El color, fundamental para construir diferentes materiales y sensaciones.
La pincelada, que puede convertirse en uno de los principales recursos para producir textura.
La perspectiva, que contribuye a organizar el espacio representado.
Fuentes consultadas
The Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York.
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Museo Nacional del Prado, Madrid.
Tate, Londres.
Fondation Dubuffet.
Encyclopaedia Britannica, recursos de referencia sobre técnicas y elementos del arte.