LA TINA y la revolución de la mirada en Degas: análisis e interpretación

Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: La tina (The Tub)
Técnica: pastel sobre papel azul grisáceo
Tamaño: 69,9 × 69,9 cm
Año: 1886
Ubicación: Hill-Stead Museum, Farmington, Connecticut

Un cuerpo observado desde arriba

En La tina, Edgar Degas representa a una mujer durante el baño desde un punto de vista elevado e inusual. La escena pertenece a la serie de interiores íntimos en los que el artista observó a mujeres bañándose, secándose o arreglándose, alejándose de las convenciones tradicionales de la representación del desnudo.

La mujer no adopta una pose concebida para ser admirada.

Está concentrada en su propia actividad y aparece parcialmente inclinada dentro de un espacio doméstico.

Esta elección modifica por completo la relación entre el cuerpo y el espectador.

En lugar de presentar una figura idealizada, Degas muestra un cuerpo ocupado en una acción cotidiana.

La postura surge de la actividad que está realizando y no de una necesidad de construir una figura elegante o equilibrada.

El cuerpo, por lo tanto, deja de ser solamente un objeto de contemplación.

Se convierte en un cuerpo que actúa dentro de un espacio.

Un punto de vista inesperado

Uno de los aspectos más innovadores de La tina es la posición desde la cual observamos la escena.

Degas sitúa al espectador por encima de la mujer y de la bañera. Esta perspectiva modifica las proporciones habituales del cuerpo y hace que los objetos del interior adquieran una presencia casi tan importante como la figura humana.

La bañera aparece como una forma geométrica que organiza buena parte de la composición, mientras que el cuerpo se adapta al espacio que la rodea.

La escena ya no está construida desde el punto de vista frontal y estable de una representación tradicional.

Parece que el espectador hubiera ocupado accidentalmente una posición desde la que puede observar el interior.

Este recurso genera una sensación de inmediatez y convierte la mirada en uno de los temas centrales de la obra.

La mirada sobre la intimidad

La posición elevada produce además una sensación de observación privada.

El espectador contempla a una mujer que parece completamente concentrada en su actividad y ajena a quien la observa.

La obra puede producir, por ello, una sensación cercana a la mirada furtiva. No porque Degas necesite representar una escena teatral o provocadora, sino porque el punto de vista nos coloca en una posición que normalmente no ocuparíamos dentro de una habitación privada.

Esta forma de mirar constituye uno de los aspectos más modernos de la obra.

La pintura no solamente muestra una mujer bañándose.

También nos hace conscientes de cómo estamos mirando.

Degas convierte así la relación entre el espectador y la figura en parte de la experiencia de la pintura.

Una composición construida desde el espacio

La originalidad de La tina no depende solamente de la postura de la mujer.

El espacio está cuidadosamente organizado mediante diferentes planos, diagonales y formas geométricas.

La bañera, el suelo, los muebles y los objetos del interior establecen relaciones que conducen la mirada hacia el cuerpo.

La figura no ocupa necesariamente el lugar central que esperaríamos en una composición tradicional.

Se integra en el espacio y parece formar parte de él.

Esta manera de construir la escena está relacionada con la renovación de los encuadres que caracterizó buena parte de la pintura moderna.

La fotografía había introducido nuevas posibilidades para recortar las imágenes, mostrar fragmentos y adoptar puntos de vista inesperados. Las estampas japonesas también habían demostrado que una composición podía prescindir de la simetría tradicional y organizar las formas de manera más libre.

Degas incorpora estas posibilidades sin abandonar el estudio riguroso de la composición.

La escena parece espontánea, pero su estructura está cuidadosamente pensada.

El color y la materia del pastel

El pastel tiene un papel fundamental en la fuerza visual de la obra.

Degas utiliza capas y trazos de pigmento para construir tanto el cuerpo como el ambiente que lo rodea. El soporte de papel azul grisáceo participa también en el efecto cromático general.

Los azules adquieren una presencia importante en distintas zonas de la composición, mientras que los tonos cálidos del cuerpo establecen contrastes con el entorno.

El color no funciona únicamente para describir los objetos.

También contribuye a organizar el espacio.

Los diferentes tonos permiten separar planos, destacar determinadas formas y establecer relaciones visuales entre el cuerpo y los elementos que lo rodean.

La superficie conserva además la huella del pastel.

Los trazos permanecen visibles y aportan una textura vibrante que evita que la escena parezca excesivamente lisa o académica.

Degas demuestra así que el pastel podía convertirse en un medio de enorme riqueza para estudiar simultáneamente color, cuerpo, espacio y movimiento.

El cuerpo cotidiano en Degas

Las mujeres bañándose, secándose o peinándose ocuparon un lugar importante en la producción de Degas durante las últimas décadas del siglo XIX.

Estos temas le permitieron explorar el cuerpo desde posiciones que difícilmente habrían aparecido en el desnudo académico tradicional.

En lugar de presentar una figura ideal, Degas observa posturas reales.

El cuerpo se dobla.

Se inclina.

Se gira.

Ocupa un espacio reducido.

Adopta posiciones determinadas por una actividad cotidiana.

En La tina, la mujer no parece consciente de estar construyendo una imagen para el espectador.

Esta ausencia de pose idealizada aproxima la obra al interés realista de Degas por observar la vida tal como podía encontrarse en la experiencia cotidiana.

Pero al mismo tiempo, la composición, el color y el punto de vista convierten esa observación en una experiencia profundamente moderna.

Degas y la modernidad visual

La tina refleja algunas de las transformaciones fundamentales de la mirada artística durante el siglo XIX.

La fotografía había acostumbrado al público a nuevos encuadres y a imágenes aparentemente instantáneas.

Las estampas japonesas habían demostrado otras maneras de organizar el espacio y recortar las figuras.

La pintura moderna comenzó a explorar con mayor libertad aquello que podía quedar dentro o fuera de los límites del cuadro.

Degas participa plenamente de esta transformación.

Sin embargo, su modernidad no consiste simplemente en copiar recursos de la fotografía o del arte japonés.

Los utiliza para desarrollar una mirada propia.

La escena doméstica se convierte en una construcción visual donde el punto de vista, el espacio y la posición del espectador adquieren tanta importancia como el tema representado.

Entre el realismo y el impresionismo

Aunque Degas estuvo estrechamente relacionado con el impresionismo, su obra presenta características particulares.

Compartió con los impresionistas el interés por la vida contemporánea y por temas alejados de la pintura histórica y mitológica.

Pero mantuvo una preocupación constante por el dibujo, la estructura y la composición.

En La tina, esta combinación resulta especialmente evidente.

El tema pertenece plenamente a la vida moderna: una mujer en un interior privado, realizando una actividad cotidiana.

La manera de representarlo, sin embargo, demuestra una construcción rigurosa.

Degas no necesita abandonar la estructura para producir una imagen moderna.

Su modernidad surge precisamente de la transformación de la mirada.

Una nueva manera de representar la intimidad

En La tina, Degas convierte una escena doméstica aparentemente sencilla en una investigación sobre la percepción.

La mujer y la bañera forman parte de un espacio cuidadosamente construido.

El punto de vista elevado modifica nuestra relación con el cuerpo.

El encuadre nos hace sentir próximos a una escena privada.

El pastel transforma el color y la superficie en elementos expresivos.

Y la composición evita las convenciones del desnudo académico.

Todo ello convierte la obra en algo más que una representación de una mujer durante el baño.

Degas encuentra en una acción cotidiana la posibilidad de explorar cómo vemos, desde dónde vemos y qué significa observar a otra persona.

Conclusión

En La tina, Degas transforma una escena doméstica en una experiencia visual moderna.

El punto de vista elevado, la composición cuidadosamente construida, el uso expresivo del pastel y la representación de un cuerpo en una postura cotidiana modifican profundamente la manera tradicional de representar el desnudo.

La mujer no aparece como una figura idealizada destinada a la contemplación.

Está integrada en un espacio y concentrada en una acción.

El espectador, mientras tanto, ocupa una posición inesperada desde la que observa una escena que parece privada.

Degas no solo representa a una mujer bañándose: convierte el acto de mirar en uno de los verdaderos temas de la pintura.

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