EL AJENJO de Edgar Degas: soledad y modernidad en la pintura

Edgar Degas, El ajenjo, mujer y hombre sentados en un café de París

Autor: Edgar Degas (1834-1917)
Título: El ajenjo (L'Absinthe / Dans un café)
Técnica: óleo sobre lienzo
Tamaño: 92 × 68,5 cm
Año: 1875-1876
Ubicación: Musée d'Orsay, París

La obra El ajenjo (L'Absinthe), también conocida como Dans un café, de Edgar Degas, es una de las imágenes más inquietantes de la modernidad urbana del siglo XIX. Pintada en 1873, presenta a dos figuras sentadas en un café parisino, aisladas emocionalmente a pesar de compartir la misma mesa. Lejos de representar una escena festiva de la vida bohemia, Degas construye una imagen de soledad, desgaste y desconexión humana.

La soledad de la vida moderna

Aunque el hombre y la mujer aparecen juntos, ambos parecen atrapados en sus propios pensamientos. La incomunicación es uno de los temas centrales de la obra. Degas retrata la experiencia moderna como un espacio de aislamiento psicológico incluso en lugares públicos y concurridos.

La mujer, con la mirada perdida y el cuerpo vencido, transmite cansancio y vacío emocional. El hombre, por su parte, permanece distante, absorto en sí mismo. Esta tensión silenciosa convierte la escena cotidiana en una reflexión sobre la alienación urbana.

El ajenjo y la imagen de la decadencia

La absenta era una bebida muy conocida en el París de la época y estaba rodeada de fuertes debates sobre sus efectos y su consumo. En El ajenjo, la presencia del vaso adquiere una importancia particular porque aparece asociada visualmente al estado de abatimiento de la mujer.

El Musée d'Orsay señala que la obra puede interpretarse como una denuncia de los peligros de la absenta y de la desolación asociada a determinados ambientes urbanos. La pintura no presenta el café como un lugar alegre o bohemio, sino como un espacio de aislamiento y desgaste.

El realismo psicológico de Degas

Aunque asociado al impresionismo, Degas se diferencia de otros artistas del movimiento por su interés en la observación psicológica y en las escenas urbanas cargadas de tensión emocional.

La composición parece espontánea, como una fotografía capturada al azar, pero en realidad fue cuidadosamente construida en el taller del artista. El encuadre desplazado, las diagonales de las mesas y el vacío espacial aumentan la sensación de incomodidad y distancia entre los personajes.

Un encuadre que desestabiliza la escena

Y explicar allí que el espacio vacío de la mesa no es simplemente “vacío”: separa visualmente al espectador de los personajes y acentúa su aislamiento.

Además, el corte de la mano y la pipa del hombre hace que la escena parezca un fragmento casual.

Y ahí tenemos una conexión excelente con la entrada general de Degas: parece una fotografía, pero fue cuidadosamente construida en el taller. El Musée d'Orsay confirma expresamente esto.

París y los cafés modernos

El café representaba uno de los grandes espacios sociales del París moderno. Lugares como La Nouvelle Athènes eran frecuentados por escritores, artistas e intelectuales. Sin embargo, Degas evita presentar este espacio como un escenario idealizado de la vida bohemia y concentra la atención en el aislamiento de los personajes.

Escándalo y recepción de la obra

Los modelos de la pintura fueron la actriz Ellen Andreé y el grabador Marcellin Desboutin. El impacto del cuadro fue tan fuerte que Degas debió aclarar públicamente que ninguno de ellos era alcohólico, ya que muchos espectadores confundieron la escena representada con la vida real de los personajes.

La obra generó polémica por su crudeza y por mostrar aspectos incómodos de la sociedad urbana contemporánea.

Relación con el impresionismo

Aunque comparte con el impresionismo el interés por la vida cotidiana y los espacios modernos, Degas introduce una mirada más introspectiva y psicológica. En lugar de centrarse únicamente en la luz o el paisaje, explora la fragilidad emocional de los individuos en la ciudad moderna.

Aunque sentados juntos, los personajes de Degas permanecen encerrados en una profunda soledad moderna.

Cierre

El ajenjo no representa simplemente a dos personas bebiendo en un café. Degas convierte una escena aparentemente cotidiana en una imagen de aislamiento psicológico. El espacio vacío, el encuadre descentrado, las figuras separadas y la sombra reflejada en el espejo construyen una sensación de distancia que va mucho más allá del consumo de una bebida.

La pintura combina observación social, análisis psicológico y experimentación compositiva. Por eso la escena resulta tan moderna: no necesita representar un acontecimiento extraordinario para revelar una experiencia profundamente contemporánea.

En El ajenjo, Degas transforma un café parisino en un escenario de soledad, donde la proximidad física de los personajes contrasta con su absoluta distancia emocional.

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Fuentes consultadas