Jorge de la Reza: modernidad, identidad y memoria

Escena de la conquista española con figuras indígenas, conquistadores y religiosos, organizada en una composición de carácter monumental.
La Conquista, 1929. Jorge de la Reza. Óleo sobre cartón, 37 × 48 cm según el catálogo del BID; el Museo Nacional de Arte la registra como técnica mixta sobre cartón. La pequeña obra parece plantearse como estudio para una composición monumental.
Jorge de la Reza buscó una imagen de Bolivia entre mundos distintos. En su obra conviven el modernismo aprendido en el extranjero, los imaginarios andinos, la memoria de la conquista y la experiencia de la Guerra del Chaco. El resultado no encaja fácilmente en la etiqueta de “pintor indigenista”: su pintura, sus dibujos, sus acuarelas e incluso su incursión en la historieta revelan una búsqueda más amplia sobre cómo construir una identidad propia mediante lenguajes modernos.

En sus imágenes, el pasado no aparece como algo inmóvil. El mito, el paisaje, la figura indígena y los acontecimientos de su tiempo se transforman en materia visual. De la Reza no solo representó Bolivia: intentó construir, mediante el arte, una manera de mirarla.

El dibujo como origen

Jorge de la Reza (1901–1958) desarrolló una producción diversa que comprendió pintura, dibujo, acuarela, proyectos murales e ilustración. Fue director de la Escuela de Bellas Artes de La Paz y posteriormente Director General de Cultura. Su formación incluyó estudios en Yale y una beca en Londres, experiencias que contribuyeron a incorporar a su obra referencias internacionales.

Pero por encima de las categorías técnicas existe un elemento que atraviesa gran parte de su producción: el dibujo.

De la Reza realizaba numerosos apuntes de paisajes y figuras humanas. Algunos eran extremadamente pequeños, de apenas unos centímetros, y funcionaban como estudios para composiciones de mayor tamaño o incluso proyectos murales que nunca llegaron a concretarse. La Conquista es uno de los ejemplos más significativos de este procedimiento.

Modernismo, simbolismo e indigenismo

La relación de De la Reza con el indigenismo es evidente, pero no explica por sí sola su lenguaje.

Su obra incorpora la figura indígena, el paisaje andino y referencias a las culturas prehispánicas, pero las transforma mediante estilización, ritmos lineales, simplificación de las formas y una marcada intención simbólica. José Bedoya señala precisamente la presencia del modernismo y del simbolismo en su producción, así como su interés por construir discursos en los que los elementos de la imagen poseen una función iconográfica.

La formación internacional también resulta significativa. El catálogo del BID observa en algunas de sus obras la influencia del realismo ilustrativo y semianalítico de los pintores norteamericanos de su tiempo. De la Reza, por lo tanto, no construyó su lenguaje aislándose de las corrientes internacionales: las incorporó para elaborar una representación propia de Bolivia.

Retrato de un hombre indígena construido mediante una representación concentrada de la figura y el rostro.
 Indio, 1932. Jorge de la Reza. Óleo sobre lienzo, 40 × 31 cm. La obra muestra el interés del artista por la figura indígena dentro de un lenguaje alejado del retrato académico convencional.

La Conquista: historia convertida en imagen

En La Conquista, De la Reza transforma un episodio histórico en una composición cargada de símbolos.

El conquistador ocupa una posición central acompañado por la cruz y por figuras religiosas, mientras las figuras indígenas aparecen sometidas. Los cóndores observan la escena desde un segundo plano. La composición posee una clara conciencia escenográfica, algo que llevó a los autores del catálogo del BID a considerarla posiblemente un estudio para una obra de dimensiones mayores.

La pequeña escala contrasta con la ambición del tema.

Más que reconstruir arqueológicamente el momento de la conquista, De la Reza construye una imagen de memoria histórica. La composición organiza visualmente una relación de poder: conquista, sometimiento, religión y resistencia cultural.

Por eso la obra resulta particularmente importante dentro de su producción. El indigenismo deja aquí de ser solamente una elección temática y se convierte en un instrumento para revisar el pasado boliviano.

La figura indígena y la intimidad

No toda su obra relacionada con lo indígena tiene ese carácter histórico o monumental.

En Maternidad, la figura humana adquiere una dimensión mucho más íntima. El catálogo del BID registra la obra como una témpera de 1930 y la incluye dentro del panorama de las búsquedas nacionalistas del arte boliviano de la época.

Figura materna representada mediante formas simplificadas y una composición de carácter íntimo.
Maternidad, 1930. Jorge de la Reza. Témpera, 73 × 58 cm. La obra permite observar una dimensión más íntima y contemplativa de su representación de la figura indígena.

Esta diversidad es importante porque evita reducir a De la Reza a una única fórmula visual. Su interés por la figura indígena podía expresarse como denuncia histórica, como construcción simbólica o como estudio de la condición humana.

La acuarela como lenguaje

La acuarela ocupa un lugar especialmente importante en su producción.

José Bedoya destaca el dominio técnico de De la Reza y lo vincula con una tradición acuarelista de origen inglés. La transparencia del color permitía aprovechar el blanco del papel como parte de la luminosidad, mientras que las manchas se aplicaban de manera decidida, evitando sobrecargar el pigmento.

Esta técnica adquirió una importancia particular en su producción vinculada con el paisaje y, posteriormente, con la Guerra del Chaco.

Árbol seco del paisaje chaqueño representado mediante manchas transparentes de acuarela.
Árbol seco I. Jorge de la Reza. Acuarela sobre papel. La serie de árboles y paisajes del Chaco muestra la capacidad de la acuarela para registrar las condiciones visuales y atmosféricas del territorio.

La Guerra del Chaco

La Guerra del Chaco (1932–1935) encontró a De la Reza en plena actividad artística. En 1934 presentó una serie importante de dibujos y pinturas dedicados al conflicto, que fue comentada por la prensa de La Paz.

La guerra produjo un desplazamiento significativo en su mirada.

El paisaje dejó de ser únicamente un motivo estético y se convirtió en el escenario concreto de una experiencia humana extrema. Sus imágenes registran soldados, trincheras, hospitales, vehículos, armas, árboles y pobladores.

Jorge de la Reza, Trinchera en el Chaco, 1934
Trinchera en el Chaco, 1934. Jorge de la Reza. Acuarela sobre papel, 30 × 22,5 cm.

En esta serie, la guerra no aparece solamente como enfrentamiento entre ejércitos. El artista registra las condiciones materiales que determinaban la vida de los soldados: el terreno, el clima, el barro, la espera y el agotamiento.

La prensa de la época también destacó obras como Pobladores tomando mate, Veteranos de la campaña, Centinela en descubierta y Tropas de viaje, señalando especialmente la capacidad del artista para encontrar la expresión humana dentro del paisaje.

Los habitantes del territorio

La serie chaqueña incluye también representaciones de habitantes indígenas del territorio.

Este aspecto amplía la lectura de la obra. El Chaco no era un espacio vacío sobre el que se enfrentaban Bolivia y Paraguay: era un territorio habitado por diferentes pueblos.

Los dibujos de De la Reza registran algunos de esos rostros y cuerpos, aunque debemos distinguir entre la representación artística de estas poblaciones y una documentación etnográfica. Su mirada continúa siendo la de un artista que construye imágenes desde su propio lenguaje y contexto histórico.

Mujer indígena Chulupi representada mediante un dibujo de grafito realizado durante la Guerra del Chaco.
China Chulupi. Cerca de La Horqueta, 1934. Grafito sobre papel. La obra forma parte de la serie de dibujos realizados por De la Reza durante el conflicto.

Religión, memoria y cultura andina

Otra dimensión fundamental aparece en Virgen de Copacabana, de 1944.

La imagen de la Virgen de Copacabana posee una larga historia dentro de la cultura visual boliviana. De la Reza retoma este motivo desde una sensibilidad moderna y lo incorpora a su búsqueda de una identidad visual relacionada con las tradiciones andinas.

El Museo Nacional de Arte incluye la obra dentro de su recorrido sobre las relaciones entre el mundo indígena y el mundo occidental y registra la pieza como óleo sobre tela.

Virgen de Copacabana representada por Jorge de la Reza en una interpretación moderna de la tradición religiosa boliviana.
Virgen de Copacabana, 1944. Jorge de la Reza. Óleo sobre tela. La obra relaciona una imagen religiosa de larga tradición con la búsqueda moderna de una identidad cultural boliviana.

La obra resulta especialmente interesante porque demuestra que su interés por lo indígena no se limitaba a representar personas o paisajes. También podía operar sobre imágenes religiosas heredadas de la época colonial, incorporándolas a una sensibilidad artística del siglo XX.

Satuco: del cuadro a la historieta

La actividad de De la Reza se extendió incluso fuera de las artes plásticas tradicionales.

Entre octubre de 1937 y los primeros meses de 1938 publicó en el periódico paceño La Noche Las aventuras de Satuco, una historieta protagonizada por un personaje indígena. La investigación de Reynaldo J. González identifica este trabajo como el caso documentado de mayor antigüedad e importancia de historieta boliviana encontrado hasta el momento, aunque advierte que la incompletitud de los archivos hace imposible establecer definitivamente cuál fue la primera historieta del país.

El dato resulta particularmente revelador.

Después de trabajar con pintura, dibujo y acuarela, De la Reza trasladó su interés por la figura indígena a un medio completamente diferente. Satuco incorpora recursos del cómic y del cartoon, y convierte al personaje en protagonista de una narración gráfica sobre la sociedad de su tiempo.

Viñetas de Las aventuras de Satuco, historieta de Jorge de la Reza publicada en el periódico paceño La Noche.
Las aventuras de Satuco, 1937–1938. Jorge de la Reza. Historieta publicada en La Noche. El trabajo amplía su exploración de la identidad boliviana hacia la ilustración y la narrativa gráfica.

Un artista entre mundos

La obra de Jorge de la Reza resulta difícil de encerrar en una única categoría.

El indigenismo está presente, pero también el modernismo y el simbolismo. El dibujo académico convive con la estilización. La pintura histórica se relaciona con la denuncia; la acuarela registra la experiencia inmediata; el paisaje se convierte en escenario de la guerra; una imagen religiosa adquiere nuevas resonancias y una historieta lleva la representación de lo indígena hacia otro lenguaje.

Su formación internacional tampoco contradice su interés por Bolivia. Al contrario: parte de su singularidad está en utilizar lenguajes aprendidos fuera del país para construir imágenes profundamente vinculadas con su historia y su cultura.

En La Conquista, el pasado colonial se convierte en una imagen de conflicto y sometimiento. En las obras del Chaco, la historia deja de ser un episodio remoto y se convierte en experiencia cotidiana. En Virgen de Copacabana, la tradición religiosa entra en diálogo con una sensibilidad moderna. En Satuco, la identidad nacional se desplaza hacia la cultura gráfica popular.

De la Reza no construyó una única imagen de Bolivia. Construyó distintas maneras de imaginarla.

Y justamente ahí reside la complejidad de su obra: en lugar de separar modernidad y tradición, cultura internacional y memoria local, mito y experiencia histórica, trabajó en el espacio donde esas fuerzas se encuentran y se contradicen.


Para explorar:

Indigenismo

Pintura latinoamericana

El dibujo y la ilustración en la historia del arte

Fuentes