El Yatiri, de Arturo Borda

 Arturo Borda. El Yatiri (1918), pintura que representa a un yatiri aymara realizando la lectura ritual de las hojas de coca ante tres mujeres del altiplano.

Pocas pinturas latinoamericanas consiguen sintetizar con tanta intensidad la espiritualidad indígena como El Yatiri. Realizada por Arturo Borda en 1918, la obra muestra a un sabio aymara leyendo las hojas de coca mientras tres mujeres esperan en silencio el resultado del ritual. Detrás de esta escena aparentemente sencilla se esconde una compleja reflexión sobre la identidad cultural, la tradición andina y el valor del conocimiento ancestral en una época marcada por la modernización y el desprecio hacia los pueblos originarios.


Fotografía utilizada por Arturo Borda como estudio previo para la composición de El Yatiri, con los modelos posando en el patio de su casa.
Fotografía preparatoria de El Yatiri. Antes de realizar la pintura, Arturo Borda organizó cuidadosamente la escena y fotografió a los modelos posando en el patio de su casa. Más tarde trasladó esa composición al paisaje del altiplano, demostrando cómo utilizaba la fotografía como punto de partida para construir una imagen cargada de simbolismo.

¿Qué representa El Yatiri?

Pintada en 1918, El Yatiri representa a un anciano aymara dedicado a una de las prácticas espirituales más antiguas de los Andes: la lectura ritual de las hojas de coca.

Arrodillado sobre un aguayo extendido en el suelo, el yatiri acaba de arrojar un puñado de hojas mientras tres mujeres observan atentamente el ritual. La escena transcurre en un amplio paisaje del altiplano, donde el horizonte abierto y el cielo inmenso refuerzan la sensación de recogimiento y espiritualidad.

A primera vista podría parecer una escena costumbrista, pero Arturo Borda va mucho más allá de la simple descripción etnográfica. El verdadero protagonista no es el paisaje ni el ritual, sino el conocimiento ancestral representado por el yatiri, convertido en símbolo de una cultura que sobrevivió durante siglos gracias a la transmisión oral de sus saberes.

En una época en la que gran parte del arte académico representaba a los pueblos indígenas como figuras pintorescas o secundarias, Borda sitúa al yatiri en el centro absoluto de la composición y le otorga una dignidad monumental.


El yatiri: guía espiritual de la cultura andina

La palabra yatiri proviene del idioma aymara y significa literalmente "el que sabe" o "el que posee conocimiento". Sin embargo, su función dentro de las comunidades andinas es mucho más amplia que la de un curandero o adivino.

El yatiri es un guía espiritual, consejero, sanador e intérprete de los mensajes contenidos en la naturaleza. Actúa como mediador entre las personas y las fuerzas que gobiernan el universo andino, participando en ceremonias destinadas a restablecer el equilibrio entre el mundo humano y el mundo sagrado.

Para ello utiliza diversos elementos rituales, siendo las hojas de coca uno de los más importantes. Su disposición sobre el aguayo, la orientación de cada hoja y las formas que adoptan al caer permiten interpretar preguntas relacionadas con la salud, el trabajo, la familia o el futuro.

En la cosmovisión andina, este conocimiento no se aprende únicamente mediante el estudio. Se transmite de generación en generación y supone una profunda responsabilidad hacia la comunidad.


Mucho más que una escena costumbrista

Durante décadas, numerosas pinturas latinoamericanas representaron escenas indígenas desde una mirada folclórica o pintoresquista. Arturo Borda eligió un camino diferente.

En El Yatiri no existe exotismo ni idealización romántica. Tampoco hay una intención documental en sentido estricto. Lo que interesa al artista es mostrar la profundidad espiritual de una cultura cuyos conocimientos habían sido sistemáticamente despreciados por la sociedad urbana de comienzos del siglo XX.

El silencio de los personajes, la concentración del anciano y la actitud respetuosa de las mujeres convierten el ritual en una ceremonia cargada de solemnidad. Nada distrae la atención del espectador: todo conduce hacia el acto de interpretar las hojas de coca, verdadero centro simbólico de la obra.

Así, Borda transforma una práctica cotidiana en una imagen universal sobre el conocimiento, la memoria y la relación del ser humano con lo sagrado.

Análisis de la obra

Una composición construida para transmitir solemnidad

Arturo Borda organiza la escena mediante una composición estable y cuidadosamente equilibrada. El yatiri ocupa el centro del cuadro y se convierte inmediatamente en el punto de atención. Su figura, ligeramente inclinada sobre las hojas de coca, concentra toda la tensión visual, mientras las tres mujeres forman un semicírculo que conduce naturalmente la mirada hacia el ritual.

Nada parece casual. Los personajes permanecen inmóviles, casi suspendidos en el tiempo, como si el silencio fuese parte indispensable de la ceremonia. No existen gestos exagerados ni dramatismo teatral. La intensidad surge precisamente de la serenidad con la que se desarrolla la escena.

El amplio paisaje del altiplano ocupa buena parte del fondo. La línea del horizonte, baja y despejada, otorga monumentalidad a las figuras y sitúa el ritual en un espacio abierto que parece extenderse hasta el infinito. Esa inmensidad refuerza la idea de que el conocimiento del yatiri no pertenece únicamente a los hombres, sino también a la naturaleza y al universo que los rodea.


La luz y el color

A diferencia de muchas escenas costumbristas de comienzos del siglo XX, Borda evita el colorido exuberante. Predominan los ocres, tierras, verdes apagados y azules fríos, colores que evocan el paisaje del altiplano boliviano.

Las prendas de las mujeres introducen pequeños acentos cromáticos que equilibran la composición sin romper su armonía. El artista utiliza la luz para modelar lentamente los volúmenes y crear una atmósfera de recogimiento más que de espectáculo.

No hay fuertes contrastes ni efectos teatrales. Todo contribuye a transmitir calma, respeto y concentración.


El simbolismo de las hojas de coca

El verdadero centro de la pintura no es el personaje, sino las hojas de coca dispersas sobre el aguayo.

En la tradición andina, la coca posee un profundo significado espiritual. Desde tiempos prehispánicos ha sido utilizada en ceremonias religiosas, ofrendas a la Pachamama, prácticas medicinales y rituales de adivinación. Para el yatiri, las hojas constituyen un lenguaje simbólico cuya disposición permite interpretar acontecimientos presentes y futuros.

Borda representa el instante inmediatamente posterior al lanzamiento de las hojas. El espectador no conoce el resultado de la consulta, pero comprende que asiste a un momento de especial trascendencia. Esa incertidumbre convierte la escena en una reflexión sobre el misterio, el destino y la búsqueda de respuestas que acompaña a todas las culturas.

Lejos de cualquier mirada folklórica, el artista presenta la coca como un elemento sagrado vinculado al conocimiento y a la memoria de los pueblos andinos.


Del patio de la Casa Borda al altiplano

Uno de los aspectos más fascinantes de El Yatiri es el proceso de creación de la obra.

Antes de comenzar la pintura, Arturo Borda organizó cuidadosamente la escena y realizó una fotografía con los modelos posando en el patio de su casa. En esa imagen ya aparecen el yatiri y las tres mujeres ocupando prácticamente la misma disposición que tendrán en el cuadro definitivo.

Sin embargo, el artista no se limitó a copiar la fotografía.

Al trasladar la escena al lienzo eliminó el entorno doméstico y lo sustituyó por un vasto paisaje del altiplano, probablemente inspirado en las cercanías del lago Titicaca. Con esta transformación, el episodio cotidiano adquiere un significado mucho más amplio. El ritual deja de pertenecer a un espacio privado para convertirse en una imagen representativa de toda la cultura andina.

La comparación entre ambas imágenes demuestra que Borda utilizaba la fotografía como una herramienta de trabajo y no como un fin en sí mismo. Le servía para estudiar las posturas, las proporciones y la organización de los personajes, mientras que la pintura era el medio mediante el cual construía una realidad más simbólica que documental.


Una obra adelantada a su tiempo

Cuando El Yatiri fue pintado en 1918, la representación de los pueblos indígenas seguía dominada por modelos académicos o por escenas costumbristas que privilegiaban el exotismo.

Borda rompió con esa tradición.

En lugar de presentar al indígena como una figura secundaria o pintoresca, lo convirtió en el protagonista absoluto de una obra de gran dignidad espiritual. El yatiri aparece como un hombre sabio, depositario de conocimientos ancestrales y representante de una cosmovisión compleja que merece ser comprendida y respetada.

Esa mirada anticipa muchas de las preocupaciones que décadas más tarde desarrollarían diversos artistas e intelectuales latinoamericanos interesados en reivindicar las culturas originarias como parte esencial de la identidad del continente.

Arturo Borda y El Yatiri

El Yatiri ocupa un lugar central dentro de la producción artística de Arturo Borda. Pintada en 1918, pertenece a un período especialmente creativo en el que el artista realizó algunas de sus obras más importantes, entre ellas El filicidio. Ambas pinturas marcaron un punto de inflexión en el arte boliviano al proponer una mirada profundamente personal sobre la realidad social y espiritual del país.

Borda no fue únicamente pintor. También fue poeta, actor, periodista, dirigente sindical y autor de El loco, una extensa novela autobiográfica considerada una de las obras más singulares de la literatura boliviana del siglo XX. Tanto su pintura como su escritura comparten una misma preocupación por el sentido de la existencia, la injusticia social y la búsqueda del conocimiento.

Aunque durante gran parte de su vida fue un artista incomprendido, hoy se lo reconoce como una de las figuras fundamentales del arte moderno boliviano. Su capacidad para combinar realismo, simbolismo y reflexión filosófica convirtió a El Yatiri en una de las imágenes más representativas de la identidad cultural andina.


Legado

Más de un siglo después de su realización, El Yatiri continúa siendo una de las pinturas más emblemáticas de Bolivia.

Su importancia no radica únicamente en la calidad técnica de la obra, sino también en la manera en que Arturo Borda dignificó la figura del yatiri y presentó la cosmovisión andina como un conocimiento complejo, profundo y plenamente vigente. En una época dominada por modelos académicos europeos, el artista situó en el centro de su pintura a un sabio indígena, convirtiéndolo en símbolo de memoria, espiritualidad y resistencia cultural.

Hoy la obra es considerada un referente del patrimonio artístico boliviano y una de las representaciones más significativas del pensamiento andino dentro de la pintura latinoamericana del siglo XX.


Cronología

  • 1918: Arturo Borda pinta El Yatiri.
  • 1919: Vende la obra y viaja a Buenos Aires con la intención de impulsar su carrera artística.
  • Décadas posteriores: La pintura se convierte progresivamente en una de las obras más reconocidas del arte boliviano.
  • 1953: Fallece Arturo Borda en La Paz.
  • Actualidad: El Yatiri es considerada una de las imágenes emblemáticas de la pintura boliviana del siglo XX.

Para seguir explorando


Fuentes consultadas

  • Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.
  • Museo Nacional de Arte (Bolivia).
  • Pedro Querejazu Leyton.
  • Letralia.
  • El loco, de Arturo Borda.
  • Estudios sobre arte boliviano y cosmovisión andina.