SANTERI SALOKIVI: la luz como materia de la pintura

Santeri Salokivi, Una mujer en la playa
Una figura femenina junto al mar, integrada en un paisaje donde la luz y el color construyen la atmósfera de la escena.

Santeri Salokivi (1886–1940) fue un pintor, artista gráfico y profesor de dibujo finlandés, nacido en Turku. Se formó en la Escuela de Dibujo de esa ciudad entre 1900 y 1904 y continuó sus estudios en Múnich y París. También viajó a Italia y Francia, experiencias que tuvieron importancia en su evolución artística.

Su pintura está vinculada al impresionismo, pero lo más interesante de su obra no es solamente esa clasificación. Salokivi hizo de la luz, el color y la atmósfera los verdaderos protagonistas de sus escenas. Paisajes del archipiélago, calles, parques, cafés y figuras humanas aparecen sometidos a una misma búsqueda: captar un instante antes de que cambie.

Durante los años centrales de su carrera desarrolló un lenguaje muy personal, basado en colores luminosos y pinceladas amplias y rítmicas. Pintaba con frecuencia al aire libre y encontró especialmente en los paisajes finlandeses y en sus viajes por Europa una fuente constante de motivos.

Una mujer en la playa

En Una mujer en la playa (A Woman on the Beach), la figura no está aislada del paisaje. La mujer y el espacio que la rodea forman una misma experiencia visual.

Es una característica importante de Salokivi: la naturaleza no funciona simplemente como escenario. La luz que cae sobre el cuerpo, la arena y el agua modifica los colores y establece la relación entre todos los elementos.

La escena parece sencilla porque no necesita una acción ni una historia. Su interés está en la percepción de ese momento: una figura detenida frente al paisaje, bajo una determinada condición de luz.

París

Santeri Salokivi, París, 1919
París, 1919. Óleo sobre tela. Una escena urbana observada desde la sensibilidad impresionista de Salokivi.

La ciudad ocupa un lugar importante en la experiencia artística de Salokivi. París (Paris) muestra cómo su interés por la luz podía trasladarse del paisaje natural al espacio urbano.

Las formas arquitectónicas no necesitan ser descritas con minuciosidad. Lo que importa es la impresión general que produce la escena y la manera en que el color organiza el espacio.

Salokivi estudió en París en distintos momentos de su vida y también encontró allí un contacto importante con el impresionismo. Sin embargo, su pintura no se convirtió en una simple repetición de modelos franceses. La experiencia europea se incorporó a una sensibilidad propia, muy vinculada también al paisaje y a la luz del norte.

Una mujer en la orilla

Santeri Salokivi, Una mujer en la orilla, escena de Åland, 1932
Una mujer en la orilla, escena de Åland, 1932. Óleo sobre tela, 46 × 55 cm.

En Una mujer en la orilla (Woman on a Shore, Scene from Åland), de 1932, la figura femenina vuelve a aparecer integrada en la naturaleza.

La mujer ocupa un lugar importante, pero el paisaje determina el carácter de la imagen. El espacio abierto, la vegetación y la luz crean una sensación de tranquilidad que resulta característica de muchas de sus composiciones.

Aquí puede verse con claridad cómo Salokivi evita separar completamente figura y paisaje. La persona pertenece al lugar que habita y la pintura se construye a partir de esa relación.

Puesta de sol en Pargas

Santeri Salokivi, Puesta de sol en Pargas
Puesta de sol en Pargas (Sunset in Pargas), 1916. Óleo sobre tabla, 33 × 40 cm.

En Puesta de sol en Pargas (Sunset in Pargas), la luz deja de ser una condición de la escena para convertirse prácticamente en su tema.

El atardecer modifica el paisaje y transforma los colores. Salokivi no necesita describir cada elemento para transmitir esa transformación: el momento del día es suficiente para alterar la percepción del espacio.

Esta capacidad para captar la luz cambiante es una de las características que mejor permiten comprender su relación con el impresionismo.

Un callejón en Naantali

Santeri Salokivi, Un callejón en Naantali, 1913
Un callejón en Naantali, 1913. Óleo sobre tela, 68 × 55 cm.

Un callejón en Naantali (Alley in Naantali) lleva la mirada de Salokivi hacia un espacio urbano más pequeño y cotidiano.

La arquitectura, la calle y la luz se relacionan sin que ninguno de estos elementos quede completamente aislado. Las formas construyen el espacio, pero es el color el que le proporciona buena parte de su carácter.

La pintura demuestra también que el interés impresionista por la vida moderna no estaba limitado a las grandes ciudades. Una calle de una pequeña ciudad finlandesa podía convertirse en un motivo pictórico cuando el artista encontraba en ella una determinada luz.

Un café

Santeri Salokivi, Un café
Una escena de café observada desde el interés de Salokivi por la vida cotidiana, la luz y el color.

El café introduce un ambiente diferente. Ya no estamos frente a un paisaje abierto, pero permanece la misma preocupación por capturar una situación concreta.

Los cafés, las calles y los espacios públicos fueron motivos frecuentes para los impresionistas porque permitían representar momentos fugaces de la vida moderna. Salokivi también observó esos ambientes y los incorporó a su repertorio.

La escena no necesita una narración. La pintura encuentra su interés en el ambiente y en la percepción de un instante cotidiano.

Un vestido de verano

Santeri Salokivi, Un vestido de verano, 1910
Un vestido de verano (Fluttery Summer Dress), 1910. Óleo sobre tela, 90 × 56 cm.

En Un vestido de verano (Fluttery Summer Dress), de 1910, la figura femenina adquiere una presencia más definida.

El vestido participa activamente de la composición. No es solamente la ropa de la modelo: su color, su movimiento y su relación con el entorno contribuyen al efecto general de la pintura.

La obra permite observar una de las características más atractivas de Salokivi: su capacidad para utilizar una figura humana como punto de encuentro entre el color, la luz y el espacio exterior.

Una chica en el parque

Santeri Salokivi, Una chica en el parque
Una figura femenina en un parque, integrada en un ambiente exterior donde predominan la luz y el color.

En Una chica en el parque (Girl in the Park) vuelve a aparecer la figura femenina en contacto directo con la naturaleza.

El parque permite a Salokivi trabajar con diferentes verdes, zonas de luz y sombra y una figura que se incorpora al conjunto sin romper la continuidad del paisaje.

La escena tiene algo de fugaz. No parece concebida como un retrato formal, sino como la observación de una persona en un momento cotidiano.

Arrendatario

Santeri Salokivi, Arrendatario (Crofter)
Un arrendatario finlandés presentado como figura individual, en una obra que se aparta de las escenas femeninas y paisajísticas del conjunto.

Arrendatario (Crofter) introduce una presencia humana diferente.

Frente a las jóvenes y mujeres que aparecen en varias de las pinturas anteriores, esta figura adquiere mayor peso individual. El paisaje deja de ocupar el primer plano y la atención se concentra en la persona.

La variedad de temas demuestra que Salokivi no fue solamente un pintor de paisajes. La figura humana, las escenas urbanas y la vida cotidiana formaron parte de una misma investigación sobre la luz y el color.

Hacia el sol

Santeri Salokivi, Hacia el sol, 1938
Hacia el sol (Towards the Sun), 1938. Óleo sobre tela, 46 × 59 cm.

En Hacia el sol (Towards the Sun), de 1938, la luz se convierte nuevamente en el centro de la composición.

El título expresa una idea que atraviesa buena parte de la obra de Salokivi: la búsqueda de la luminosidad. El paisaje no interesa únicamente por aquello que representa, sino por la manera en que la luz lo transforma.

Vista junto a Puesta de sol en Pargas, esta pintura permite reconocer una preocupación constante a lo largo de su trayectoria: observar las variaciones de la naturaleza y traducirlas al lenguaje del color.

El impresionismo de Santeri Salokivi

Salokivi encontró tempranamente una manera propia de pintar y, a diferencia de otros artistas que modificaron radicalmente su estilo a lo largo de su carrera, mantuvo durante muchos años esa relación con el impresionismo, la luz y el color.

El paisaje del archipiélago finlandés ocupó un lugar central en su producción. Durante los veranos pintaba en distintos lugares del archipiélago y convirtió esos paisajes en uno de los temas reconocibles de su obra. También encontró motivos en Turku, Helsinki, París, Venecia y otras ciudades europeas.

Su pintura puede entenderse, sobre todo, como una pintura de la luz cambiante. Las pinceladas amplias, los colores luminosos y la atención a los efectos atmosféricos permiten que una calle, una playa, un parque o una figura se conviertan en una experiencia visual.

También fue un importante artista gráfico y realizó grabados, además de ejercer como profesor. Entre 1930 y 1932 dirigió su propia escuela de pintura en Helsinki.

La obra de Santeri Salokivi ocupa así un lugar singular dentro del arte finlandés de comienzos del siglo XX: una pintura luminosa, vinculada al impresionismo, pero profundamente relacionada con el paisaje y la vida cotidiana de Finlandia.

Para explorar

Impresionismo 

Paisaje en el arte 

Fuentes consultadas

Finnish National Gallery / Ateneum
Turku Art Museum
Amos Anderson Art Foundation / Amos Rex
Wikimedia Commons
Artists' Association of Finland