GIACOMO CERUTI: la dignidad de los rostros en la pintura italiana
Giacomo Ceruti, conocido como Il Pitocchetto (Milán, 1698-1767), ocupa un lugar singular en la pintura italiana del siglo XVIII. Su obra se desarrolló entre la tradición del retrato, la pintura religiosa y una atención poco habitual hacia los sectores más humildes de la sociedad. Mendigos, campesinos, vendedores, trabajadores y personajes anónimos aparecen en sus cuadros sin idealización y, al mismo tiempo, sin caricatura.
Grupo de mendigos, hacia 1737. Óleo sobre lienzo, 130,5 × 95 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC).
La vida de Ceruti presenta todavía algunas zonas poco conocidas. Su trayectoria fue reconstruida principalmente durante el siglo XX y se sabe que su familia procedía de Brescia. En 1723 recibió uno de sus primeros encargos conocidos y, poco después, comenzó a desarrollar una actividad importante como retratista. Entre 1726 y 1728 trabajó en Brescia, donde realizó algunas de las pinturas que definirían su personalidad artística. Más tarde recorrió distintas ciudades del Véneto y se instaló en Milán, donde continuó trabajando hasta sus últimos años.
Una pintura atenta a quienes casi nunca aparecían
La singularidad de Ceruti se encuentra especialmente en sus representaciones de la pobreza. Durante el siglo XVIII, los personajes humildes podían aparecer en la pintura como figuras anecdóticas, cómicas o pintorescas. Ceruti eligió otra mirada.
Sus mendigos tienen presencia física, individualidad y dignidad. No parecen existir únicamente para representar una condición social: son personas concretas, con cuerpos cansados, rostros envejecidos, ropas gastadas y gestos contenidos.
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Filatrice e piccola mendicante, hacia 1730-1740. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca Tosio Martinengo, Brescia. |
En otras escenas, Ceruti acerca todavía más esas figuras al mundo del trabajo. Filatrice e piccola mendicante reúne a una mujer que hila y a una niña mendiga en una composición de gran sencillez. La diferencia social entre ambas no se convierte en una separación dramática: las dos aparecen integradas en la misma realidad cotidiana.
Grupo de mendigos es una de las obras fundamentales de Ceruti. Tres hombres ocupan casi todo el espacio del cuadro y sus cuerpos, vestidos con prendas deterioradas, adquieren una monumentalidad inesperada. La reducida gama de ocres, pardos y marrones acentúa la austeridad de la escena.
El Thyssen señala precisamente la dignidad y el realismo con que Ceruti representó a las clases desfavorecidas. La obra fue conocida desde 1963 y había formado parte de la colección del mariscal Matthias von Schulenburg antes de llegar a la colección Thyssen-Bornemisza.
El trabajo cotidiano
La misma atención aparece en sus escenas de trabajadores. Ceruti no necesita representar acontecimientos excepcionales para construir una pintura significativa: una mujer que lava ropa o un muchacho que transporta mercancías pueden convertirse en protagonistas.
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| La lavandera, hacia 1730. Pinacoteca Tosio Martinengo, Brescia. |
La lavandera fue una de las obras decisivas para el redescubrimiento de Ceruti en el siglo XX. Su inclusión en una exposición celebrada en Florencia en 1922 despertó el interés de la crítica y contribuyó a recuperar la figura del artista después de un largo período de olvido.
La mujer no aparece como una figura secundaria dentro de una escena de género. Su cuerpo, su rostro y el esfuerzo de su trabajo ocupan el centro de la composición. Ceruti convierte una actividad cotidiana en una imagen de fuerte presencia humana.
Dos mendigos, hacia 1730-1734. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca Tosio Martinengo, Brescia.
En Dos mendigos, dos hombres aparecen en un interior austero. El espacio es reducido y los objetos son mínimos, pero los personajes poseen una extraordinaria presencia. La escena evita tanto la idealización como el efecto sentimental fácil.
Ceruti retratista
Reducir a Ceruti a sus pinturas de mendigos sería, sin embargo, insuficiente. Fue también un retratista importante y representó a personas pertenecientes a distintos sectores sociales. En sus retratos mantiene una observación directa que evita embellecer artificialmente a los modelos.
Retrato de un hombre, 1725-1730. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca di Brera, Milán.
La obra pertenece a la colección de la Pinacoteca di Brera y permite comprender una faceta menos conocida del artista. La atención al rostro y a la indumentaria revela el mismo interés por la observación concreta que aparece en sus personajes humildes. La diferencia está en el contexto social del retratado, no en la intensidad de la mirada del pintor.
Retrato de un sacerdote, comienzos de la década de 1730. Óleo sobre lienzo, 99,7 × 78,1 cm. National Gallery, Londres.
Este retrato tiene además una historia de atribución significativa. Durante mucho tiempo se consideró obra del pintor veneciano Giovanni Battista Piazzetta. Actualmente la National Gallery lo atribuye con certeza a Ceruti. El sacerdote aparece de pie, en tres cuartos, contra un fondo neutro, con una iluminación intensa que acentúa sus facciones y su presencia física.
Muchachos y trabajadores
Los personajes jóvenes que aparecen en las obras de Ceruti permiten ampliar todavía más su mirada sobre la vida cotidiana.
Muchacho recadero con una cesta a la espalda, huevos y aves de corral, hacia 1735. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca di Brera, Milán.
Muchacho recadero sentado sobre una cesta, hacia 1735. Óleo sobre lienzo. Pinacoteca di Brera, Milán.
Ambas pinturas pertenecen al conjunto de obras de Ceruti conservadas en Brera. La institución las sitúa hacia 1735 y las incluye junto con sus dos importantes naturalezas muertas de la década de 1750.
En estas escenas, el trabajo no es un elemento decorativo. El muchacho aparece definido por aquello que transporta y por la actividad que realiza, pero también por su cuerpo, su postura y su expresión. Es otra forma de otorgar presencia a quienes habitualmente quedaban fuera de la pintura oficial.
La naturaleza muerta y el realismo
Ceruti llevó su atención hacia los objetos cotidianos en sus naturalezas muertas de madurez. En ellas desaparece la figura humana, pero permanece la misma voluntad de observación.

Naturaleza muerta con plato de peltre, camarones, limón, botellas, pan y vino, 1750-1760. Óleo sobre lienzo, 43 × 59 cm. Pinacoteca di Brera, Milán.
Naturaleza muerta con calabaza, peras y nueces, 1750-1760. Óleo sobre lienzo, 43 × 59 cm. Pinacoteca di Brera, Milán.
Durante mucho tiempo se discutió la atribución de estas obras. Actualmente Brera las considera culminaciones de la investigación naturalista de Ceruti y obras maestras de su madurez. La precisión de los objetos, la luz sobre el vidrio y la atención a las superficies prolongan en el mundo inanimado la mirada realista que caracteriza sus figuras humanas.
Un retrato recuperado después de décadas
La historia reciente de Ceruti añadió una nueva dimensión a su obra.
En 2025, una investigación periodística permitió reconocer en una fotografía de un aviso inmobiliario de Mar del Plata una pintura que figuraba entre las obras expoliadas de la colección del galerista neerlandés judío Jacques Goudstikker durante la ocupación nazi de los Países Bajos. La obra fue recuperada y sometida a estudios técnicos.
Retrato de una dama. Óleo sobre lienzo, 119,5 × 89 cm. Obra recuperada en Mar del Plata y atribuida a Giacomo Ceruti.
La pintura había sido registrada durante décadas como una obra de Giuseppe Ghislandi, llamado Fra Galgario. Sin embargo, el estudio realizado por especialistas de la Academia Nacional de Bellas Artes determinó que corresponde a Ceruti y la vinculó con la colección de Goudstikker. El peritaje también señaló antecedentes de la atribución a Ceruti: Roberto Longhi la había atribuido al artista en 1927 y Mina Gregori la había incorporado posteriormente a su corpus.
La obra fue localizada en Mar del Plata en agosto de 2025 y permaneció bajo custodia judicial. En septiembre de 2026, la Justicia Federal de Mar del Plata ordenó finalmente su restitución a Marei von Saher, heredera de Jacques Goudstikker. La decisión convierte a esta pintura en un caso especialmente significativo dentro de la historia reciente de la restitución de patrimonio expoliado por el nazismo.
El Retrato de una dama también devuelve a Ceruti a una historia que parecía cerrada. Una obra perdida durante décadas reaparece, recupera su autoría y vuelve a vincularse con su propietario original. En ese recorrido, la pintura deja de ser solamente un retrato del siglo XVIII para convertirse también en un documento de la historia europea del siglo XX y de los esfuerzos contemporáneos por reparar el expolio artístico.
La mirada de Ceruti
La importancia de Ceruti no reside solamente en haber pintado mendigos. Su verdadera originalidad está en haber construido una pintura en la que los personajes humildes adquieren una presencia que la tradición artística de su tiempo rara vez les concedía.
Sus modelos no necesitan convertirse en héroes ni en símbolos. Basta con mirarlos. Los rostros, las manos, las ropas gastadas, los objetos de trabajo y los alimentos cotidianos construyen una visión de la realidad en la que la dignidad no depende de la posición social.
Por eso, más de dos siglos después, las pinturas de Ceruti conservan una fuerza particular. Su naturalismo no consiste únicamente en representar fielmente aquello que ve: consiste en mirar de frente a personas y situaciones que otros artistas habían preferido dejar al margen.
Para explorar
Fuentes consultadas
- Museo Nacional Thyssen-Bornemisza — Giacomo Ceruti y Grupo de mendigos.
- National Gallery, Londres — Portrait of a Priest.
- Pinacoteca di Brera — colección online de Giacomo Ceruti y naturalezas muertas.
- Argentina.gob.ar — restitución de Retrato de una dama, 4 de septiembre de 2026.
- Fiscales.gob.ar — investigación, peritaje y procedencia de Retrato de una dama.
- El País — restitución de la obra a la heredera de Jacques Goudstikker.

