JULIA CODESIDO: el Perú como laboratorio de modernidad

Julia Codesido, Indias Huancas, 1931, pintura de mujeres andinas con vestimentas tradicionales
Julia Codesido, Indias Huancas, 1931. Óleo sobre lienzo, 106 × 116 cm. Centre Pompidou, París.

Julia Codesido convirtió los rostros, los cuerpos, los textiles y las tradiciones del Perú en materia de una pintura moderna. Su obra nació dentro del indigenismo, pero nunca quedó encerrada en él: dialogó con las vanguardias, el muralismo mexicano y el arte popular hasta construir un lenguaje profundamente personal.


Julia Codesido: una pintura entre el Perú y la modernidad

Julia Codesido ocupa un lugar singular en la historia del arte peruano del siglo XX. Su nombre aparece inevitablemente ligado al indigenismo, pero esa clasificación, aunque necesaria, resulta insuficiente para comprender la amplitud de su obra.

Codesido no se limitó a representar personajes indígenas ni a ilustrar una determinada idea de identidad nacional. A lo largo de más de cinco décadas convirtió el rostro humano, las vestimentas, los paisajes, los objetos populares y las tradiciones regionales en elementos de una búsqueda formal que fue cambiando con el tiempo.

Su pintura puede entenderse, justamente, como una tensión permanente entre dos mundos: la necesidad de construir una imagen propia del Perú y el deseo de experimentar con los lenguajes de la modernidad.

La documentación reciente de la Pontificia Universidad Católica del Perú la presenta como una de las figuras fundamentales del indigenismo peruano y destaca también sus vínculos con las vanguardias, el arte popular y la cultura intelectual de su época.


Una formación que comenzó mirando hacia Europa

Julia Codesido nació en Lima en 1883 y murió en la misma ciudad en 1979. Las fuentes institucionales peruanas actuales utilizan estas fechas, aunque el Centre Pompidou conserva en su catálogo la fecha de nacimiento de 1892.

Hija de un diplomático peruano, pasó parte de su juventud en Europa. Ese contacto temprano con diferentes ambientes culturales amplió el horizonte visual desde el cual comenzaría a construir su obra.

Al regresar al Perú ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes y entró en contacto con José Sabogal. La relación con Sabogal fue decisiva, pero su trayectoria posterior demuestra que aquella influencia no significó una dependencia permanente.

Codesido encontró en el indigenismo un camino para dirigir la pintura hacia una realidad que la tradición académica había dejado fuera del centro de la representación: los pueblos indígenas, sus rostros, sus vestimentas, sus costumbres y sus formas de vida.

Pero desde temprano aparece también otra inquietud: cómo transformar aquello que veía en una pintura moderna.

Julia Codesido, India desnuda, mujer andina de pie con una manta de colores
Julia Codesido, India desnuda, ca. 1923–1925. Óleo sobre lienzo, 150 × 103 cm. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. 

La obra pertenece a una etapa anterior a la consolidación de su lenguaje indigenista. El cuerpo conserva todavía una relación con la tradición académica del desnudo, pero la elección de la modelo, el espacio y la presencia del tejido anuncian la dirección que tomará su pintura.

El desnudo no desaparece cuando Codesido se aproxima al indigenismo: se transforma.

La figura humana seguirá siendo uno de los grandes centros de su producción, pero el modelo dejará de funcionar solamente como ejercicio académico para convertirse en portador de identidad, cultura y presencia social. La PUCP incluye India desnuda entre las obras que permiten seguir ese desarrollo temprano.


El indigenismo como punto de partida

Durante la década de 1920, Codesido se incorporó al núcleo artístico e intelectual que rodeaba a José Sabogal. El indigenismo peruano no fue solamente un estilo pictórico: fue también un proyecto cultural que intentaba modificar la imagen del país y colocar las culturas indígenas y populares en el centro de la representación artística.

En Codesido, sin embargo, ese proyecto adquirió una dimensión particularmente visual.

Sus personajes suelen aparecer frontalmente, con rostros de gran intensidad, cuerpos compactos y una economía creciente de detalles. Las figuras dejan de ser individuos descritos con precisión naturalista para convertirse en presencias.

Julia Codesido, Santusa, retrato frontal de una mujer con manta oscura
Julia Codesido, Santusa, ca. 1927–1929. Óleo sobre lienzo. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. El rostro de la mujer, de rasgos fuertemente definidos, anticipa la síntesis formal característica de la etapa indigenista de la artista.

Santusa permite ver ese proceso con claridad. El rostro está construido mediante planos sencillos y fuertes contrastes. El fondo casi desaparece y la figura ocupa el espacio con una quietud que le otorga monumentalidad.

No hay una descripción minuciosa del personaje. Codesido está empezando a descubrir que la síntesis puede producir más intensidad que el detalle.


El rostro como territorio de identidad

Los rostros de Codesido son una de las claves para comprender su pintura.

Ojos grandes, pómulos acentuados, contornos firmes y expresiones concentradas aparecen una y otra vez. Pero sería un error entender estas características simplemente como una forma de "pintar indígenas".

Codesido está construyendo una nueva manera de hacer visible a sus personajes.

El rostro deja de funcionar como un retrato individualista y empieza a adquirir una dimensión casi simbólica. El personaje parece representar también una comunidad, una región, una tradición.

Julia Codesido, Olga, retrato de una mujer joven sentada junto a un sillón
Julia Codesido, Olga, ca. 1927–1929. Óleo sobre lienzo, 90 × 75 cm. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. El retrato permite observar que el interés de Codesido por la figura humana excedía la temática indígena y abarcaba distintas formas de representación femenina.

Olga es interesante porque introduce una variante: el retrato de una mujer joven en un ambiente doméstico. La obra permite observar que la mirada de Codesido no estaba limitada a los tipos indígenas.

El tratamiento de la figura, la simplificación del espacio y la importancia concedida a la expresión muestran que la búsqueda formal era más amplia que la temática indigenista


Una artista dentro de un ambiente intelectual

La pintura de Codesido no puede separarse completamente del ambiente intelectual peruano de los años veinte.

Su relación con José Carlos Mariátegui y con la revista Amauta resulta especialmente reveladora. Codesido no fue solamente una pintora que representaba el mundo indígena: participó de una red cultural en la que arte, literatura, política, identidad y modernidad estaban profundamente relacionados.

En 1928 diseñó la portada de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de Mariátegui.

Portada de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui, diseñada por Julia Codesido en 1928
Julia Codesido, diseño de portada para Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de José Carlos Mariátegui, 1928. La participación de Codesido en la gráfica vinculada al entorno de Amauta muestra la relación entre su producción artística y el ambiente intelectual peruano de las primeras décadas del siglo XX.

Natalia Majluf ha señalado la importancia de esta portada dentro de la gráfica peruana de los años veinte: la síntesis de formas y las referencias de raíz prehispánica producen una imagen mucho más audaz de lo que podría esperarse de una artista asociada exclusivamente con el indigenismo figurativo.

Esto es importante para comprender a Codesido: su modernidad aparece también allí donde abandona momentáneamente la representación naturalista.

Julia Codesido, retrato de José Carlos Mariátegui realizado en xilografía
Julia Codesido, José Carlos Mariátegui. Xilografía sobre papel de arroz. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. El retrato reducido a líneas, masas y contrastes muestra la capacidad de Codesido para sintetizar la identidad de un personaje mediante pocos elementos.

En esta xilografía la artista vuelve a reducir la figura a sus elementos esenciales. La cabeza aparece de perfil y la composición queda contenida por un marco negro.

Es una imagen muy distinta de sus grandes pinturas indigenistas, pero pertenece a la misma búsqueda: encontrar la forma esencial de una figura. La ficha de la PUCP registra la obra como xilografía sobre papel de arroz.


Del personaje al símbolo

En torno a 1930 su pintura alcanza una transformación decisiva.

Las figuras se vuelven más grandes, los espacios más planos y la composición más sintética. Los personajes comienzan a ocupar el cuadro como masas de color.

Es entonces cuando el indigenismo de Codesido deja de parecer solamente una pintura de tipos y empieza a adquirir una estructura mucho más moderna.

Indias Huancas es una de las obras esenciales para comprender la singularidad de Codesido.

Las figuras están organizadas con una enorme economía de recursos. Los cuerpos parecen casi arquitectónicos. Los rostros son severos y frontales. Los textiles aportan grandes zonas de color y el paisaje deja de funcionar como escenario descriptivo.

Aquí aparece con claridad una de las grandes paradojas de Codesido: una pintura profundamente vinculada con la identidad peruana que, al mismo tiempo, utiliza recursos de la modernidad internacional para construir esa identidad.

Julia Codesido, India Huanca, retrato de una mujer andina con vestimenta tradicional.
 India huanca - La figura femenina andina se convierte en protagonista de una composición donde la síntesis formal y la presencia del personaje tienen mayor peso que el detalle anecdótico.

La cercanía temporal entre Indias Huancas e India Huanca permite advertir que la representación de lo andino no constituía para Codesido una fórmula única. El personaje podía aparecer como retrato, como presencia colectiva o como elemento de una composición más compleja.

Color, vestimenta y vida cotidiana

Codesido encontró en la vestimenta una herramienta pictórica extraordinaria.

Las mantas, sombreros, faldas y tejidos no funcionan solamente como signos que permiten reconocer una región o una comunidad. También organizan la superficie del cuadro.

El color de una manta puede equilibrar el fondo. Un sombrero puede convertirse en una forma geométrica. Una falda puede dividir la composición en grandes campos cromáticos.

Julia Codesido, Vendedora ayacuchana, mujer con sombrero y vestimenta tradicional
Julia Codesido, Vendedora ayacuchana. Óleo sobre tela. Museo de Arte de Lima. La figura, la vestimenta y los objetos cotidianos se integran en una composición donde el color y las formas tienen tanta importancia como la escena representada.

La mujer ocupa casi todo el primer plano. La canasta, el sombrero, el manto y la falda construyen una estructura cromática mucho más importante que la descripción detallada del espacio.

La escena cotidiana se transforma así en composición.

Y esta es una de las operaciones más interesantes de Codesido: lo popular no aparece como simple tema; se convierte en lenguaje plástico.


La mujer como centro de la pintura

La presencia femenina atraviesa buena parte de la obra de Codesido.

Indígenas, mestizas, criollas y mujeres vinculadas a distintas regiones del Perú aparecen repetidamente como protagonistas.

En una historia del arte dominada por figuras masculinas, este aspecto también adquiere importancia histórica. Codesido no solo fue una mujer que consiguió desarrollar una carrera profesional en el campo artístico; construyó además una parte importante de su obra alrededor de mujeres que tradicionalmente habían tenido una presencia secundaria en la representación artística.

Julia Codesido, Cabeza de criolla o Morena limeña, retrato frontal de una mujer
Julia Codesido, Cabeza de criolla (Morena limeña), 1938. Óleo sobre lienzo, 73 × 73 cm. Museo Central del Banco Central de Reserva del Perú. El rostro ocupa prácticamente toda la composición y muestra la progresiva simplificación de las formas y la intensidad expresiva de la pintura de Codesido.

El rostro ocupa prácticamente todo el cuadro.

Aquí la pintura se ha alejado todavía más del naturalismo. Las líneas angulosas, los grandes planos de color y la intensidad de la expresión convierten el retrato en una construcción visual.

El Museo Central señala precisamente el carácter expresivo y casi caricaturesco de la representación.

La obra también permite entender algo fundamental: Codesido no necesitaba representar una escena compleja para hablar de identidad. Le bastaba un rostro.


La influencia del muralismo mexicano

El contacto con México fue otro momento importante.

Codesido viajó allí en la década de 1930 y conoció de cerca el ambiente artístico mexicano. El muralismo le ofreció una concepción de la pintura basada en la monumentalidad, la fuerza de las figuras y la posibilidad de vincular modernidad, identidad y cultura popular.

Pero no se convirtió en una muralista peruana.

Tomó determinados recursos y los llevó hacia otro lugar.

Su pintura siguió siendo, fundamentalmente, pintura de caballete. Lo que cambió fue la escala visual de sus figuras, la simplificación de las formas y la capacidad narrativa de algunas composiciones.


El arte popular como una forma de modernidad

Aquí aparece uno de los aspectos menos conocidos y más interesantes de Codesido.

La artista no se limitó a representar las tradiciones peruanas: las estudió y coleccionó.

Su interés por el arte popular se vinculó con su trabajo junto a José Sabogal y con el desarrollo de colecciones dedicadas a las expresiones artísticas populares del Perú.

Esto modifica la manera de interpretar su pintura.

Los textiles, objetos, diseños y formas regionales que aparecen en sus obras no deberían entenderse únicamente como detalles pintorescos. Forman parte de una investigación visual más amplia.

Codesido estaba buscando en esas manifestaciones formas capaces de renovar el lenguaje moderno.

Por eso, su relación con el arte popular no debe plantearse como una oposición entre tradición y modernidad. Para ella, ambas podían convivir.


Una pintura que continúa transformándose

Uno de los errores más frecuentes al hablar de Codesido es imaginar que su carrera quedó definida durante la década de 1920.

Su obra posterior demuestra lo contrario.

Durante las décadas siguientes continuó experimentando con el color, la síntesis de las formas y nuevas posibilidades de representación. 

Julia Codesido, Caballo Verde, caballo verde sobre fondo de colores intensos
Julia Codesido, Caballo Verde, 1952. Óleo sobre lienzo, 81 × 66 cm. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. El color antinatural del animal y la simplificación de las formas muestran la distancia que la artista había recorrido respecto del naturalismo de sus primeros años.

El caballo verde resulta revelador porque muestra cuánto se ha alejado Codesido de la representación naturalista.

El animal aparece construido mediante una forma compacta y un color imposible desde el punto de vista natural. El espacio se organiza a partir de planos y contrastes, mientras los elementos decorativos adquieren casi tanta importancia como el motivo principal.

El verde del caballo no busca describir la realidad: busca construir una imagen.


El grabado y la línea

La pintura no fue el único medio mediante el cual Codesido desarrolló su lenguaje.

También realizó xilografías y trabajos gráficos relacionados con el ambiente de Amauta. El grabado le permitía reducir todavía más los elementos de la representación: blanco, negro, línea, silueta y contraste.

Julia Codesido, Labores de campo, tres mujeres realizando tareas rurales
Julia Codesido, Labores de campo. Xilografía, tinta. Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en custodia de la Fundación Julia Codesido. Tres mujeres aparecen integradas al paisaje mediante una economía de líneas y contrastes que revela la capacidad de síntesis de la artista también fuera de la pintura.

Esta obra resulta especialmente interesante porque muestra otra cara del indigenismo de Codesido.

Las figuras están reducidas prácticamente a siluetas. El paisaje se simplifica y la atención se concentra en el ritmo de los cuerpos, las vestimentas y las tareas representadas.

El grabado demuestra que su interés por la síntesis no fue exclusivo de la pintura. La línea podía convertirse por sí misma en una herramienta para construir identidad. La PUCP identifica la obra como xilografía y la relaciona con la temática indigenista.




Una espiritualidad que aparece en su última etapa

La evolución de Codesido no termina en el indigenismo.

En sus últimas décadas aparecen obras donde la figura se vuelve más esquemática y la pintura incorpora preocupaciones simbólicas y espirituales.

Julia Codesido, La palabra, composición de figuras humanas de carácter simbólico
Julia Codesido, La palabra. Óleo sobre lienzo, ca. 1970. La composición pertenece a la etapa tardía de la artista, cuando su pintura se vuelve más simbólica y se aleja de las formas estrictamente figurativas que habían caracterizado sus primeras décadas.

La obra presenta un conjunto de figuras alrededor de una figura central y utiliza una organización mucho más simbólica del espacio. La PUCP interpreta la escena desde un discurso panteísta y registra la obra como óleo sobre lienzo.

Es importante incluirla porque demuestra que Codesido no terminó su carrera repitiendo el lenguaje que la había hecho conocida.

Su interés por el Perú permaneció, pero las formas mediante las cuales lo pensaba continuaron cambiando.


Julia Codesido: más allá de la etiqueta de indigenista

El indigenismo es indispensable para comprender a Julia Codesido, pero no alcanza para definirla.

Su trayectoria permite observar cómo una artista podía partir de una preocupación por la identidad peruana y, al mismo tiempo, incorporar recursos de las vanguardias internacionales, experimentar con el grabado, interesarse por el muralismo mexicano, estudiar el arte popular y modificar profundamente su lenguaje a lo largo de los años.

Quizás la clave de su obra esté justamente en esa convivencia.

Codesido no tuvo que elegir entre tradición y modernidad.

Su pintura demuestra que podía encontrar modernidad en los rostros indígenas, en los textiles, en las formas populares, en los diseños prehispánicos y en las tradiciones regionales.

Pero tampoco convirtió esos elementos en una simple decoración nacionalista.

Los transformó.

Los llevó hacia una pintura donde el color tiene estructura, donde las figuras adquieren monumentalidad, donde los rostros pueden convertirse en símbolos y donde una manta, un sombrero o un objeto popular pueden participar de la construcción de una composición moderna.

Por eso su obra sigue siendo especialmente interesante.

No solamente porque Julia Codesido fue una figura fundamental del indigenismo peruano, sino porque su pintura muestra que la identidad cultural no es una imagen fija: es algo que también puede construirse, discutirse y transformarse a través del arte.


Una artista que no cabe en una sola etiqueta

La importancia de Julia Codesido reside también en esa resistencia a quedar encerrada en una definición.

Fue pintora, grabadora, docente, coleccionista e investigadora del arte popular. Participó del ambiente intelectual de Amauta, trabajó dentro del núcleo indigenista y desarrolló, simultáneamente, una relación muy personal con las vanguardias.

Mirar sus obras en conjunto permite descubrir algo que una sola pintura no siempre revela: Codesido nunca dejó de buscar.

Y quizá esa sea la mejor manera de comprenderla.

No como una artista que encontró un estilo y permaneció dentro de él, sino como una creadora que convirtió el Perú en un campo permanente de experimentación.


Para explorar


Fuentes consultadas

  • Museo de Arte de Lima (MALI), documentación de la exposición Codesido y fichas de obras.
  • Pontificia Universidad Católica del Perú / Dirección de Asuntos Culturales, colección Julia Codesido y Fundación Julia Codesido.
  • Centre Pompidou, colección Indias Huancas.
  • Museo Central del Banco Central de Reserva del Perú, Cabeza de criolla (Morena limeña).
  • Archivo José Carlos Mariátegui, investigación de Natalia Majluf sobre la portada de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.
  • Google Arts & Culture, colecciones institucionales de la PUCP.
  • Natalia Majluf, En la vanguardia indigenista. La portada de Julia Codesido para los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.
  • Luis Eduardo Wuffarden y Ricardo Kusunoki, investigaciones y curaduría sobre Julia Codesido.