RENÉ MAGRITTE: LOS AMANTES, VOLVER SOBRE LA MISMA IMAGEN

Un hombre y una mujer se abrazan y se besan mientras sus rostros permanecen cubiertos por telas blancas.
René Magritte, The Lovers (Les Amants), París, 1928. Óleo sobre lienzo, 54 × 73,4 cm. Museum of Modern Art, Nueva York. Donación de Richard S. Zeisler.

Hay algo extraño en que un artista vuelva a pintar una imagen que ya ha pintado.

¿Por qué hacerlo?

En 1928, René Magritte realizó cuatro obras relacionadas bajo el título Los amantes. En ellas aparece un motivo que se convertiría en una de las imágenes más reconocibles de su producción: figuras próximas entre sí, pero separadas por algo que impide verlas o reconocerlas completamente.

Dos de estas pinturas se encuentran hoy en importantes instituciones: una pertenece al Museum of Modern Art de Nueva York y otra a la National Gallery of Australia. Las otras dos forman parte de colecciones privadas.

Mirarlas juntas permite descubrir algo que no aparece con la misma claridad cuando observamos una sola.

Magritte repite.

Pero no repite exactamente lo mismo.

Y entonces aparece una pregunta:

¿por qué volver a lo mismo?

Una escena que parece conocida

En la primera de las obras, Los amantes, un hombre y una mujer se abrazan y se acercan para besarse.

La escena podría pertenecer a una película romántica.

Pero hay algo que la vuelve imposible.

Sus rostros están cubiertos por telas blancas.

La pareja está muy cerca y, sin embargo, no puede verse. El beso parece estar a punto de suceder, pero la tela introduce una distancia inesperada entre los dos cuerpos.

Magritte toma una situación reconocible y la convierte en un enigma.

La segunda vez

La National Gallery of Australia conserva otra pintura titulada Les Amants [The lovers], también de 1928.

Dos figuras se encuentran frente a frente mientras sus cabezas permanecen cubiertas por telas blancas.
René Magritte, Les Amants [The lovers], 1928. Óleo sobre lienzo, 54 × 73 cm. National Gallery of Australia, Canberra.

A primera vista, reconocemos inmediatamente la imagen.

Otra pareja.

Otra vez los rostros ocultos.

Otra vez la imposibilidad de ver al otro.

Pero la escena no es exactamente la misma.

Cambian la posición de los cuerpos, el espacio que los rodea y la manera en que la pareja se presenta ante nosotros.

La repetición empieza a producir una diferencia.

Y esa diferencia es importante.

Porque Magritte no está simplemente copiando una pintura anterior.

Está volviendo sobre una imagen.

Cuando repetir transforma

Las otras dos obras del conjunto permiten llevar todavía más lejos esta observación.

En Los amantes III y Los amantes IV, Magritte modifica nuevamente el motivo. Los rostros ya no aparecen ocultos de la misma manera que en las dos primeras pinturas.

Figuras relacionadas con el motivo de Los amantes de René Magritte, con los rostros visibles en una composición surrealista.
René Magritte, Les Amants III, 1928. Colección privada.
Figuras de una pareja en una composición surrealista de René Magritte, correspondiente a una variación de Los amantes.
René Magritte, Les Amants IV, 1928. Colección privada.

El motivo permanece, pero la imagen cambia.

Es justamente ahí donde la palabra repetición deja de significar “hacer lo mismo otra vez”.

Magritte vuelve sobre una idea para descubrir qué puede hacer con ella.

La desplaza.

La modifica.

La vuelve a mirar.

Y nosotros también tenemos que volver a mirar.

Cuatro veces una misma inquietud

Al observar las cuatro pinturas, aparece una característica muy particular del procedimiento de Magritte.

No necesita abandonar una imagen para encontrar otra.

Puede permanecer dentro de ella.

Puede insistir.

Puede probar una nueva solución.

La pareja, el rostro, el ocultamiento y la distancia reaparecen, pero no permanecen completamente iguales.

Por eso resulta más interesante hablar de variaciones que de copias.

La repetición no elimina las diferencias.

Las hace visibles.

¿Por qué volver a lo mismo?

Tal vez no haya una única respuesta.

Un artista puede volver a una imagen porque todavía encuentra posibilidades en ella.

Porque una determinada forma, una escena o una relación entre objetos continúa produciendo preguntas.

O porque una imagen que parece resuelta todavía contiene algo que no termina de comprenderse.

En Los amantes, esa insistencia resulta especialmente sugestiva.

Magritte podría haber pintado una pareja besándose.

Pero eligió interponer una tela.

Y después volvió sobre esa tela.

Y después volvió sobre la pareja.

Y después volvió a modificarla.

La imagen parece decir algo, pero nunca termina de decirlo.

El misterio no se resuelve

Las telas que cubren los rostros han dado lugar a numerosas interpretaciones.

Una de las más difundidas intenta relacionarlas con la muerte de la madre de Magritte, quien murió cuando el artista era adolescente. Según una versión muy repetida, cuando su cuerpo fue recuperado del río, una tela habría cubierto su rostro.

La historia es conocida, pero no puede presentarse como una explicación comprobada de Los amantes.

Magritte rechazaba las interpretaciones que pretendían reducir sus pinturas a una respuesta definitiva. El misterio, en su obra, no necesariamente espera ser resuelto.

Por eso resulta más interesante observar lo que ocurre delante de nosotros.

Dos personas quieren acercarse.

Algo las separa.

No podemos ver completamente sus rostros.

No sabemos exactamente por qué.

Y esa incertidumbre forma parte de la experiencia de mirar la obra.

Volver a mirar

Quizás esa sea la verdadera importancia de la repetición en Los amantes.

La primera pintura nos desconcierta.

La segunda nos hace comparar.

La tercera y la cuarta nos obligan a volver sobre las anteriores.

Y entonces comprendemos que repetir una imagen no significa necesariamente decir lo mismo.

Puede significar seguir pensando con ella.

Magritte vuelve sobre sus amantes y transforma nuestra manera de mirar.

Cada versión conserva algo de la anterior y modifica otra cosa.

El misterio permanece, pero nuestra mirada cambia.

Quizás por eso la pregunta inicial siga abierta:

¿por qué volver a lo mismo?

Tal vez porque nunca vemos exactamente lo mismo dos veces.

Y porque, en el arte de Magritte, volver a mirar puede ser otra forma de descubrir.

PARA EXPLORAR

René Magritte

Otras obras de Magritte: 

Fuentes consultadas