Miranda — La Tempestad: análisis e interpretación de la obra de John William Waterhouse
John William Waterhouse (1849–1917) volvió varias veces a los personajes literarios y mitológicos que alimentaron su imaginación artística. Entre ellos, Miranda, la hija de Próspero en La Tempestad de William Shakespeare, ocupó un lugar especial.
En 1916, un año antes de su muerte, Waterhouse retomó el tema que ya había pintado en 1875. El contraste entre ambas versiones resulta especialmente interesante: en la primera, Miranda contempla el mar con serenidad; en la segunda, la tormenta ya se ha desencadenado y la joven observa aterrada el naufragio del barco.
Miranda ante el mar: la versión de 1875
Miranda, 1875. Óleo sobre lienzo, 76 × 101,5 cm. Colección privada.
Esta primera versión presenta a Miranda sentada sobre una formación rocosa junto al mar. La joven observa hacia el horizonte, donde puede distinguirse un barco que todavía navega tranquilamente.
La escena es, por lo tanto, anterior a la tormenta. El paisaje parece tranquilo, pero las nubes que se acumulan detrás de Miranda anticipan el acontecimiento. La figura femenina aparece integrada en el paisaje y su mirada conduce al espectador hacia el horizonte.
La obra fue exhibida en la Royal Academy en 1875 y constituye la primera representación de Miranda realizada por Waterhouse. La lectura de la escena resulta especialmente interesante porque el espectador sabe que el barco que aparece a lo lejos está destinado al desastre, aunque Miranda todavía contempla el mar sin enfrentarse a la acción.
De la contemplación al desastre
Cuarenta y un años después, Waterhouse regresó a Miranda. Pero esta vez no eligió el momento previo a la acción: eligió el instante dramático del naufragio.
Miranda observa la tormenta
Aquí la diferencia es inmediata. El barco aparece inclinado entre las enormes olas. El mar se ha convertido en una fuerza amenazante y las rocas del primer plano parecen capaces de destruir la embarcación.
Miranda ya no contempla serenamente el horizonte. Retrocede ante lo que está viendo. El viento mueve su cabello y sus ropas, mientras el cuerpo adopta una posición de tensión.
La obra representa el momento del primer acto de La Tempestad en que Miranda observa alarmada el barco que transporta a los enemigos de su padre mientras la tormenta provocada por Próspero lo conduce al naufragio.
Dos Mirandas, dos momentos de una misma historia
La comparación entre ambas pinturas es uno de los puntos más interesantes de la obra.
1875 | 1916 |
|---|---|
Miranda está sentada. | Miranda está de pie. |
El mar está relativamente tranquilo. | El mar se encuentra agitado. |
El barco aparece distante. | El barco está siendo destruido por la tormenta. |
Predomina la contemplación. | Predomina el miedo y la tensión. |
La acción todavía no comenzó. | La tormenta ya está ocurriendo. |
En 1875, Waterhouse representa la espera. En 1916, representa el acontecimiento.
La primera Miranda parece pertenecer todavía al paisaje. La segunda se encuentra enfrentada a una naturaleza violenta que amenaza con desbordar el espacio pictórico.
La Tempestad de Shakespeare detrás de la imagen
La historia procede de La Tempestad, de William Shakespeare. Próspero, antiguo duque de Milán, había sido expulsado de su territorio por su hermano Antonio. Junto con su hija Miranda, llega a una isla, donde desarrolla sus conocimientos mágicos.
Años después, Próspero provoca una tormenta que hace naufragar el barco de sus antiguos enemigos y los conduce hacia la isla. Miranda observa el desastre sin conocer todavía las consecuencias que tendrá aquel acontecimiento, entre ellas su encuentro con Fernando, hijo del rey de Nápoles.
Por eso, el momento elegido por Waterhouse tiene una doble función: es una escena de peligro, pero también el comienzo de una transformación en la vida de Miranda.
Waterhouse y la mujer frente a la naturaleza
La figura femenina ocupa un lugar central en la producción de Waterhouse. Miranda pertenece a una larga serie de personajes femeninos procedentes de la literatura, la mitología y las leyendas que el artista convirtió en protagonistas de sus pinturas.
Pero aquí la mujer no aparece aislada. El paisaje es fundamental para comprenderla.
En 1875, Miranda parece formar parte de la naturaleza: su figura está integrada en las rocas, el mar y el horizonte. En 1916, ocurre lo contrario. La naturaleza parece enfrentarse a ella. El mar, el viento y las rocas adquieren una fuerza casi psicológica.
El color y el movimiento en la versión de 1916
Uno de los mayores cambios entre ambas versiones está en el tratamiento pictórico. La obra de 1916 utiliza una gama más dramática y contrastada. Los tonos del mar y del cielo refuerzan la sensación de peligro, mientras la figura oscura de Miranda se recorta contra el paisaje.
El movimiento también está cuidadosamente construido. El barco inclinado conduce la mirada hacia las olas. Las diagonales del agua y de las rocas generan inestabilidad, mientras la posición de Miranda introduce una pausa dentro de ese movimiento.
El resultado es una composición en la que todo parece estar siendo empujado por la tormenta.
Una obra tardía de Waterhouse
El hecho de que Waterhouse regresara a un tema que había pintado al comienzo de su carrera resulta especialmente significativo.
En 1875 había pintado a Miranda antes de la tormenta.
En 1916 volvió a ella cuando la tormenta ya estaba encima.
La comparación permite observar cómo el artista reinterpretó un mismo asunto desde dos momentos muy diferentes de su trayectoria.
La obra de 1875 muestra una escena todavía contenida. La de 1916 convierte el mismo tema en una composición de gran intensidad dramática.
La comparación permite comprender que Waterhouse no solamente repitió un tema: lo reinterpretó desde otra etapa de su lenguaje pictórico.
El significado de Miranda en la obra de Waterhouse
Miranda puede interpretarse como una figura situada entre dos mundos. Es una joven criada lejos de la sociedad, en una isla dominada por la magia de su padre, pero el naufragio anuncia su entrada en una nueva etapa de su vida.
En la versión de 1875, esa transformación todavía no ha ocurrido. En la de 1916, el acontecimiento ya está sucediendo.
Por eso, las dos pinturas pueden observarse como dos estados psicológicos de un mismo personaje.
La Miranda de 1875 mira. La Miranda de 1916 reacciona.
Una contempla el futuro. La otra se encuentra atrapada dentro de él.
Miranda — The Tempest no es solamente una ilustración de una escena de Shakespeare.
Es una pintura sobre la espera, el miedo y el momento en que una vida está a punto de cambiar.
Puedes explorar:
Fuentes consultadas
- Christie's, ficha de Miranda — The Tempest, 1916.
- Christie's, ficha de Miranda, versión de 1875.
- Wikimedia Commons, Miranda, 1875.
- Wikimedia Commons, Miranda — The Tempest, 1916.